La peor parte de mi embarazo fue mi trabajo

La peor parte de mi embarazo fue mi trabajo. Un mes después de que empecé en mi nuevo trabajo, descubrí que estaba embarazada. Estaba nerviosa por decírselo a mi equipo, pero todas eran mujeres, así que asumí que estarían contentas por mí. Sin embargo, esperé hasta después del primer trimestre debido a los riesgos de aborto.

A los 5 meses, anuncié mi embarazo

Con una sonrisa en mi cara anuncié mi embarazo a los cinco meses. Para mi sorpresa, mi jefa sin ninguna expresión en su rostro me dijo: “Felicidades, por favor, siéntate”. Me dijo que estaba decepcionada de mí y de mi pobre desempeño laboral. Llamó a la encargada de recursos humanos y me hizo firmar un papel. Tenía un mes para mejorar o perdería mi empleo.  Corrí al baño y me derrumbé. Nunca me habían dado esta retroalimentación y nunca habían mencionado nada de esto antes. ¿Por qué ahora? Iba a perder mi trabajo cuando más lo necesitaba. Necesitaba el dinero y el seguro médico. ¿Cómo iba a pagar mi renta? ¿Cómo cubriré los gastos médicos? ¿Qué pasará con mi carrera? ¿Sería mejor renunciar? ¿No se verá mal en mi currículum si me despiden? ¡Nunca antes me habían despedido! ¿Puedo demandarlos? ¿Es porque estoy embarazada?

 

Trabajé jornadas laborales de 10 horas

Me hacían caras, eran frías conmigo y aplicaban la ley del hielo. Tenía que avisarles para ir al baño, lo cual era frecuente y algo que no podía controlar. No tenía mi hora de descanso y comía en mi escritorio. Era la primera en llegar y la última en irme. Todos los viernes recibía una evaluación de mi progreso y a veces rezaba para que me despidieran.

El día que mi hijo me pateó por primera vez, fue el día en que todo hizo clic. Ese día tuve una cita con el médico y escuché que una mujer tenía complicaciones y la mandaron a tomar reposo y a permanecer en la cama. Cuando me tocó mi turno y me hicieron el ultrasonido, allí estaba mi hijo pateando. No quería transmitir emociones negativas a mi bebé. No quería causar complicaciones en el embarazo y afectar su desarrollo. Tenía que ser fuerte y llenarme de energía positiva.

 

En un post-it escribí: “Lo único que importa es mi hijo”

Yo lo miraba fijamente cada vez que estaba estresada. Cuando estaba nerviosa o teniendo un mal momento, sentía una patada y automáticamente me hacía sonreír. Le hablaba todo el día y mientras me frotaba la barriga le decía que pronto terminaría. Cada noche, cuando llegaba a casa, tachaba el día en el calendario. Cuando mi jefa me gritaba y se quejaba de mi trabajo, luchaba contra las lágrimas y me recordaba que las únicas lágrimas que valían la pena llorar serían de alegría cuando naciera mi bebé.

Las mujeres embarazadas no quieren que las traten diferente o de modo especial. No esperan nada, pero no quieren ser tratadas como si fueran incapaces de realizar el trabajo. No sé si algunas personas piensan que es una pérdida de tiempo y dinero invertir en una empleada que se irá pronto. No sé si les molesta que tienen que asumir sus responsabilidades cuando ella está de baja por maternidad. Lo que queremos es ser tratadas con amabilidad y no sentirnos como un robot. Que está bien si necesitamos un descanso, o sentarnos, o cinco minutos adicionales para llegar a la junta a tiempo. Nunca entendí por qué mi jefa me trató como lo hizo, especialmente porque ella era madre. Al final, todas las cosas caen en su lugar. Ahora soy ama de casa y tengo el trabajo más gratificante: ser mamá.

Este video te puede gustar