La historia de cómo mi esposo supo que yo era el amor de su vida

Dicen que las historias de amor solo suceden en los libros de cuentos de hadas. Esta no es la historia de un príncipe azul que llegó a rescatar a la chica de la torre. Es más bien la historia de dos personas que encontraron el camino por obra y gracia del destino, el universo o quizá de Dios… Te cuento cómo mi esposo descubrió que yo era el amor de su vida.

Lo que viví a través de mis ojos

 

Concluí la preparatoria y decidí irme de viaje, esperando que a mi regreso pudiera entrar a la universidad que yo había elegido. Sin embargo, al volver, encontré que mi solicitud había sido rechazada. Mi hermana que siempre me ha ayudado en todo, metió las manos al fuego por mí y me ayudó a entrar a la universidad donde ella trabajaba como maestra. Ahí fue donde conocí a mi esposo. Totalmente opuesto a mí: atractivo, escandaloso y con un encanto digno de verse. El chico que me molestaba en el salón, en la escuela que yo no había elegido se convirtió en mi actual esposo y en el amor más grande que he tenido en la vida.

Seis años de relación y contando

Me quedé en esa universidad más que nada por amor. Durante seis años, Emilio fue todo mi mundo… Hasta que su papá quiso enviarlo a estudiar fuera. Estábamos aún muy chicos para casarnos, sin experiencia laboral y con un corto historial de noviazgo. Aunque a mis ojos era mejor terminar la relación, él se resistió. Así fue como un día partió a España y decidimos tener un noviazgo a distancia. En un mundo rosa podría decirte que nada cambió. Sin embargo todo fue de mal en peor a medida que corrieron los meses. La comunicación entonces no era como la de ahora. No existían los mensajes instantáneos y lo más rápido era el teléfono. Sin embargo, las llamadas transcontinentales eran caras y se complicaban por la diferencia de horarios. Escribíamos tantos mails como podíamos y hablábamos tanto como era posible, pero llego el día…

El día en que me rompió el corazón

Un día muy temprano él me pidió con urgencia una llamada telefónica: “Tenemos que hablar”. Temblando y con mucha adrenalina en mi sangre, tuvimos la llamada telefónica. De repente todos mis miedos se hicieron realidad. Él había conocido a alguien más y estaba al otro lado del teléfono diciéndomelo. Me partí, como nunca antes en mi vida. Fue como si el mundo girara a mi alrededor sin que yo pudiera hacer nada al respecto. Así fue como terminé con el corazón hecho pedazos. Toda mi familia comenzó a hacer de todo para que yo pudiese avanzar. Comencé a involucrarme a la fuerza en cosas que yo quería para mi futuro.

La vida me abrió sus puertas

Encontré nuevo trabajo, proyectos, amigos e incluso un chico al que le gustaba. Mi vida no se detuvo del todo, aunque sí pasé mucho tiempo con el corazón blindado. Cambié mucho desde que él salió de mi vida. Un día, sin pensarlo, llegó a mi vida otro hombre. Él me enseñó a ver las relaciones de una forma completamente distinta. Me dio espacio y fuerza; lo mejor de todo fue que me enseñó otra forma de amar. No obstante, el destino, universo, Dios o como lo quieras llamar siempre tiene sus propios planes.

Cuatro años después…

Sonó el teléfono de mi casa, mi papá contestó y ahí estaba Emilio entrando de nuevo en la foto. En ese momento, mi vida fluía de maravilla: tenía el empleo de mis sueños, amigos y un novio que me quería. Lo tenía todo. Mi papá no me pasó la llamada, así que poco después mi teléfono sonó. Era él, como si no hubiera pasado un día sin vernos. Me hablaba como a la chica que yo era cuatro años atrás. Fue tan extraño escuchar su voz al otro lado del teléfono, a un continente de distancia. A partir de entonces comenzó a buscarme a diario por casi un año, hasta que por fin logramos vernos en persona.

El reencuentro no es como en las películas

El escenario en ese momento no era el más propicio para vernos. Mi familia realmente le tenía un fuerte resentimiento a Emilio. Así que en contra de todo lo que mis padres, hermanos e incluso mis amigas pudieran pensar fui a verlo hasta España. Fue como si no hubiese pasado ni un solo día, pasamos prácticamente todo el día juntos hablando de todo un poco. Él me pidió una segunda oportunidad, me contó las atrocidades que tuvo que pasar con la chica que se quedó después de mí. Karma las llamó. Yo solo podía sentir resentimiento y miedo al tenerlo frente a mí, pero esos eran los sentimientos superficiales. Apenas lo veía y mi corazón me decía algo diferente. Sin embargo era hora de poner los pies en la tierra y regresar a la realidad.

En las puertas del tren

Estábamos a punto de despedirnos, después de una charla amena y un tanto dolorosa, pues yo no podía prometerle una entrada en mi vida. Con esperanza de un beso me quedé en la puerta del tren como si fuera una de esas terribles películas de amor. La puerta se cerró y él comenzó a llorar y yo no pude evitar sentir este hueco en el estómago a medida que recorría las estaciones del tren. Creí que jamás volvería a verlo.

Entonces descubrí que el amor va hacia donde tú estás

Regresé a mi casa, con el novio que tenía y a la vida que hasta el momento me había funcionado. Por cierto, mi novio supo que había ido a ver a mi ex. Yo se lo dije y teníamos una relación tan padre, que el estuvo de acuerdo. Sin embargo, mi ex novio no iba a rendirse, después de que llegué a México, el me siguió. Se aseguró de estar afuera de mi oficina cada día durante dos semanas rogando por una segunda oportunidad. En este tiempo salí con él hasta que llegó el desenlace.

El amor que regresa

Mis padres estaban rotundamente en desacuerdo. Ni siquiera sabían que Emilio estaba persiguiéndome por todo México. Yo me di mi lugar. En esas dos semanas no dejé que Emilio se metiera en mi vida social. Dejé ir a mi novio porque sabía que no podía engañar a tan excelente persona. Mi corazón daba paso gigantes mientras mi cerebro por detrás intentaba retenerlo a toda costa.

La cena

A unas horas de que Emilio regresara a España fuimos a cenar y las cosas se pusieron más que serias. Me puso un ultimátum, si yo no decidía en ese momento darle una segunda oportunidad él regresaría a España y nunca volvería a saber de él. Mi corazón casi arañaba la mesa para decir que sí, mientras mi cerebro hacía un recuento de los pros y los contras. ¿Cuál crees que ganó? Tuve que ir al baño y llorar de la impotencia de tomar una de las decisiones más drásticas de toda mi vida. Regresé a la mesa y seriamente le dije que la única oportunidad que le daría sería si se casaba conmigo. Yo ya había tenido una relación de seis años con ese hombre y lo conocía bastante bien, claro que también pensé que lo que menos iba a hacer era aceptar.

Pero lo hizo, sin pensarlo. Llevamos 10 años de casados y contando. Tenemos un hijo maravilloso, una bella historia de amor y una vida increíble. No todo es sencillo y mi relación no es del todo perfecta, como todas, pero sé que ese tiempo que deje de ver al amor de mi vida me sirvió para crecer en todos los aspectos. Me gustaría que te quedarás con un mensaje importante: el amor verdadero lo puede todo; sin barreras, sin importar las lágrimas, el tiempo o la distancia.

 

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