La dura realidad que llega cuando engañaste al hombre que amas

Tarde o temprano las cosas salen a la luz. Decirle al hombre que amas que lo has engañado, es el peor momento que cualquier ser humano puede pasar. Sin embargo mi infidelidad fue algo particular y ahora sé que no debo sentirme culpable de ello. Después de casi 13 años de sentirme como la peor mujer en la tierra me he perdonado… Pero me gustaría compartirte lo que me pasó, porque quizás allá afuera hay más chicas que estén pasando por lo mismo. Cuando engañaste al hombre que amas…

Mi matrimonio

Me case con mi novio de muchos años, tal cual siempre lo había querido. Claro que había cosas que no eran tan lindas como me las había imaginado. Por ejemplo vivíamos en la casa de su madre, nuestro cuarto era chiquito pero eso no me importaba mucho. Decidimos ahorrar por un año para comprar o rentar algo más decente. Durante el segundo año de casados tuvimos a mi hijo, fue la mejor noticia del mundo para ambos. Tuvimos un lindo matrimonio durante 5 años. Mi hijo tenía 3 años, entonces. Era época decembrina y como es usual en los trabajos, mi jefe organizo un festejo de fin de año. Asistí sola, pues mi marido tenía muchos pendientes de trabajo y yo no podía faltar.

La peor noche de mi vida

Entre comida y tragos se fue el festejo. Yo no tomaba mucho en ese entonces, nunca fui de tomar, mucho menos fumar. De un momento a otro comencé a marearme como nunca antes me había mareado. Al grado que varios compañeros me subieron a un pequeño lobby, asumieron que se me había pasado el trago. Momentos después mi jefe subio y no tardo ni 5 minutos en comenzar a aprovecharse de la situación. Yo no sabía bien lo que estaba pasando, era el alcohol, el momento, las cosas pasaron de un simple beso a tener relaciones en ese lobby. Cuando todo acabó, salí de ahí como una bala. Pedí un taxi y me fui a casa.

“No fue una violación”

En aquel entonces me culpe muy duro a mi misma. No podía ser una violación porque en ningún momento dije que no. Estaba muy confundida, herida, sucia, me sentía como la peor mujer de la tierra. No sabía que iba a decirle a mi marido, o sí le iba a contar. Yo no estaba dispuesta a pronunciar la palabra violación, era mi jefe y sabía que de ese sueldo dependía mi salida de la casa de mi suegra. Un abogado cuesta mucho dinero y yo no tenía más que unos centavos ahorrados para la fiesta de mi hijo. Me senté en el piso de la regadera a llorar por un buen rato.

Me eché la culpa

Mi jefe me acosaba todo el tiempo en la oficina con mensajitos, chocolates, tazas de café y reuniones improvisadas. Me pedía que dejará a mi esposo para irme con el. Yo ya no sabía qué hacer, estaba muy confundida y cada día que pasaba en la oficina era un auténtico martirio. Yo me le escapaba a mi jefe, tiraba los regalos, incluso dejé de maquillarme para ir a la oficina. Aún con toda esta situación, mis negativas eran tomadas como todo lo contrario. Claro que estaba buscando trabajo, sin éxito alguno. Hasta que un día este hombre le mandó un mensaje a mi marido, contándole todo lo que había pasado entre nosotros.

El giro de mi vida

Después de ese mensaje todo en mi vida cambio. Tuvimos una enorme discusión y aunque al final mi esposo decidió “perdonarme” todo fue de mal en peor. Trate de explicarle que no había sido totalmente mi culpa, sin embargo cada que intentaba hablar él me evadía.Intente explicárselo cuando ya estaba tranquilo y me dijo que no me creía nada. A partir de ese momento me convertí en una presa en casa. No solo era vigilada, mis e-mails eran públicos, deje de ir con mis amigas al café y de salir a cualquier lugar yo sola. Porque para él todo momento a solas era una excusa para ver a mi “amante”. Deje mi trabajo y se me prohibió buscar otro por meses, hasta que mi marido no pudo con las cuentas y entonces logre trabajar de nuevo. Era abusada psicológicamente cada día de la semana, eso pase por 5 años. Nunca me golpeo, ni me grito, pero no hacía falta. Me hacía sentir miserable, comencé a tomar alcohol. Mucho, mucho alcohol cada fin de semana me quedaba dormida tras una botella de vino tinto.

Me dejó y se llevo a mi hijo

Más bien me sacó de casa de sus padres, argumentando que me había convertido en una alcohólica. Tras el divorcio y la pelea por la custodia, decidí asistir al psicólogo. Solo porque de esa forma lograría ver a mi hijo y luchar por el. Pase largos años en terapia, saltando de terapeuta en terapeuta hasta que por fin conocí a una mujer que cambió mi vida. No siempre el primer psicólogo o terapeuta va a ser el bueno. Deje el alcohol y recupere mi vida después de muchos años de cientos de errores. Mi hijo ahora tiene 15 años y es casi imposible verlo.

Simplemente no quiere verme, su papá le dijo que yo era una mala mujer y al parecer lo creyó todo. Lamento no haber estado en su vida de muchas formas. Ahora solo espero que un día pueda perdonarme, mientras tanto a mi solo me queda seguir adelante…

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