La cosa más dura que he hecho fue confesar una infidelidad

Cada día tomamos decisiones que no sólo alteran nuestra vida sino la de las personas que comparten todo con nosotros. Una de ellas es confesar una infidelidad a la persona que realmente amas en la vida. Puede sonar contradictorio, pero es así, las cosas suceden y sólo puedes enfrentar tu error o huir. Por eso, sé que la cosa más dura que he pasado fue confesar una infidelidad

Mentir hasta el final

La verdad es que cuando lo hice no tenía muy clara la razón. Incluso no lo disfruté tanto como yo pensaba. Es más, podría decir que nada, pero aun así lo hice. Aunque siempre pensé que no sería capaz de hacerlo, lo hice y sólo me quedaba enfrentar las consecuencia. Sin embargo, no podía, sabía que había terminado con todo lo que tenía. No obstante, él aún no lo sabía y podía mantenerse así. Entonces seguí mintiendo hasta el punto en que no podía sostenerlo más.

El principio del fin

Mi novio solía decir: “La verdad siempre se sabe”. Yo no lo creía de esa manera. Sin embargo, lo entendí de la peor forma posible. Él se enteró de ciertas cosas aunque no del todo. Por eso tuve que admitir lo que había sucedido y contarle. Lo más doloroso fue ver el daño que le había causado. Sin importar qué hiciera o dijera jamás podría reparar el daño y tendría que vivir con ello. En este sentido, la cosa más dura no fue decir la verdad, sino enfrentar las consecuencias.

La cosa más dura no es decir la verdad

Contrariamente  a lo que muchas personas podrían pensar, lo peor fue escuchar todo lo que él tenía que decirme. En ningún momento fue cruel o malo conmigo. Simplemente fue brutalmente honesto. Me sentía mal por lo que había hecho, cómo lo había lastimado y, sobre todo, por lo que me había hecho. Creo que jamás me había sentido tan mal, tan culpable, enojada y perdida. Conforme pasaban los minutos la tensión iba cediendo y nos abrazamos. Decidimos que si las cosas iban a terminar, serían de la mejor manera y la menos dolorosa para ambos.

Lo que aprendí

Quería que las cosas se arreglaran entre nosotros, pero no lo merecía y tampoco estaba en la posición de pedirlo. Por ello me limité a confesar y a ver cómo había destruido todo. Sin embargo, me sentí mucho mejor cuando todo se supo. Ya no tenía nada que esconder y esa sensación te hace libre en todos los aspectos. No sé cuándo me sentiré bien de nuevo. Tampoco sé cuando se cerrarán las heridas que provoqué ni cómo influyan en su vida, pero debo aprender y vivir con ello.

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