La ansiedad: una enfermedad silenciosa ¡y de cuidado!

Caminas por la calle, haces ejercicios, te trasladas en autobús y le sonríes a las personas que consideras amables. Te sientes tranquila. Piensas en las miles de posibilidades que te ofrece la vida e imaginas cómo es la existencia de los demás. Es cierto, cada individuo es un mundo y cada quien se rige según su gusto. Crees que todo está bien y que no hay nada que afecte tu forma de ser tan vivaz. Y entonces, la luz que tanto te caracteriza se apaga… No más sonrisas, no más amabilidad y mucho menos una actitud positiva. De pronto, el botón de encendido se movió a apagado y no entiendes por qué. Estás desesperada, angustiada porque no comprendes qué te ocurre. Este fue mi caso. Llegué a pensar que era tristeza o, peor aún, depresión, pero hasta que consulté al médico me explicó que padezco ansiedad, una enfermedad silenciosa ¡y de cuidado!

Dolores en el pecho

Tras varias semanas de haber estando enferma, mi estado de ánimo declinó. No pensé que sería tan grave hasta que llegué al doctor por fiebre y taquicardia. Estaba agitada y no sabía por qué. A veces, creemos que todo está bien, pero caí en cuenta de que no siempre escuchamos a nuestro cuerpo ni siquiera prestamos atención a las alertas. Después de tres diagnósticos, me dijeron que sufría de un cuadro de ansiedad muy alto. De momento me pareció equis, hasta que me explicaron que se puede ir complicando después de un tiempo. Pareciera que la ansiedad es inofensiva y esta no te afecta, pero cuando te controla, no hay marcha atrás.

Del psicólogo al psiquiatra

A veces te niegas a escuchar y no aceptas el hecho. Esto me ocurrió a mí. Jamás imagine que la ansiedad podría afectarme tanto. Mi estado de ánimo declinó, provocando tristeza continua e inestabilidad. No podía estar tranquila cuando había alrededor muchísimas personas o alguna situación se salía de mis manos. Tomar decisiones me altera y cuando evito estar triste peor me pongo. De vez en cuando se presentan ataques de pánico. Pocas personas saben qué es sufrir ansiedad, la cual se detona por el estrés y, claro, siempre va a influir el tipo de persona. Anteriormente, había padecido depresión lo cual me vuelve propensa a padecer estrés o ansiedad.

Rendirse no es opción

 La ansiedad me sobrepasa, pues ya no puedo controlarla y dependo de medicamentos. No me gusta tomar pastillas, pero si es necesario estoy dispuesta hacerlo. Ojalá en el mundo existieran formas de guiar a las personas para que sepan cómo tratar esta enfermedad emocional que pocas veces se toma en cuenta. Todo tiene solución y no abría por qué ocultar la enfermedad. Lo importante es atenderse y no verse como un problema. Esa es mi forma de aceptar la ansiedad y de ponerle un alto para que no me controle, como tantas veces lo hizo sin que me diera cuenta.

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