He entendido que no puedo educar a mis hijos de la misma forma en que me educaron a mí

Mucha gente durante mucho tiempo me preguntó si yo aplicaba los mismos consejos que había usado mi madre para educarme, con mis hijos. En un principio la respuesta era “claro, si a mi madre le funcionó, a mí también”. Sí, era la salida más fácil de la responsabilidad que tenía ahora , pero la realidad es otra. No había tomado la consciencia necesaria de que el mundo en el que mis hijos están creciendo, no es el mismo en el que yo fui criada. Por eso, y luego de varios golpes, comprendí que la forma en que me educaron no funcionará por completo con ellos. Así que estoy descubriendo nuevas tácticas que se adapten al mundo y así pueda darle las bases necesarias a mis hijos.

Los niños de ahora están más despiertos

Bien dicen que los niños de ahora nacen con un chip instalado. Ya no es necesario que les expliques cómo deben usar el celular o la computadora. Ellos lo toman y ya saben para que sirve uno u otro botón. En cambio, a muchos de nosotros nos tomó un poco más de tiempo y hasta el día de hoy hay quienes se aterran cuando les ponen enfrente un aparato. Lo mismo pasa con la educación en las escuelas, pues los maestros deben buscar nuevas tácticas para mantener la atención de los niños.

En casa sucede igual

Muchas mamá aplicaban las miradas letales o las nalgadas para controlar a sus hijos y hacerlos obedecer. Aún recuerdo esas miradas fulminantes de mi madre o de otras madres que veía en el colegio. Sin embargo, ahora eso ya no funciona. No estoy diciendo que como madres debamos recurrir a la violencia, pues yo no estoy a favor de pegarle a los niños. Lo que sí he notado que falta, es autoridad. Muchos padres son tan jóvenes que prefieren dejar la responsabilidad de sus hijos en otros. No toman las riendas de sus vidas y eso es un grave peligro. Por eso los niños ya no toman enserio muchas cosas.

La forma en que me educaron…

Me funcionó a mí y espero que eso sea suficiente para que yo tome las decisiones correctas por el bienestar de mis hijos. De lo contrario, podría ponerlos en bandeja de plata ante malas decisiones. Tengo fe en que todo saldrá bien por su bienestar.

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