Gracias por cruzarte en mi camino, aunque no, jamás fuiste bueno en la cama

Bien me decía mi abuela que cada persona que se cruza en tu vida te va a dejar un aprendizaje. La verdad es que eso no lo comprendí hasta hace poco tiempo. Recuerdo que más chica solo me enfocaba en ciertas cosas y dejada de lado otras. Hace algún tiempo conocí a alguien que creí era el mejor hombre que se había cruzado en mi camino. Así era, hasta que me di cuenta de que no era bueno en la cama. Sí, puede sonar muy drástico y tal vez haya quienes crean que el sexo no lo es todo en una relación. Sin embargo, me consta que es lo contrario. Estoy consciente de que el sexo no lo es todo, pero es algo muy importante para tener una relación completa con alguien.

La atracción surge por el oído, no por el físico

A primera vista, el interés por alguien surge por lo que vemos. Cuando era más chica, me dejaba llevar porque fueran guapos, tuvieran buen cuerpo y linda sonrisa. Tontamente creía que eso era lo más importante en la vida. Conforme pasaba el tiempo, crecía y conocía a otras personas, entendí que no era así. Luego de varias relaciones descubrí que lo que de verdad me atraía de un hombre era lo que decía. En muchas ocasiones me topé con hombres guapísimos, pero que eran un fiasco. No tenían conocimiento de muchas cosas y al escucharlos hablar parecían canción de reguetón (pura bobada).

Aún así había puntos que rescatar

Como dije, cuando un hombre se acercaba a mí, lo que primero me atraía era lo que decía. De eso dependía mucho que mi interés se mantuviera o no. El último hombre que conocí era increíblemente labia. O sea, sabía hablar tan bien, que en menos tiempo del que esperaba, ya estaba babeando por él. No me importaba si me desvelaba o si me distraía en el trabajo. Quería hablar con él todo el tiempo. Sus pláticas eran como una droga para mí. Sí, así de bueno era en su charla, que sin duda me atrapaba. Mis amigas aseguraban que si así de bueno era al platicar conmigo, seguro superaría esas expectativas en la cama.

Mucha labia, poca acción

Sin duda, hablar con él era tan gratificante, que llegó un momento en el que de verdad tenía ganas de llegar más lejos para probar. Sin embargo, mientras esperaba que eso llegara, fui conociendo su verdadero yo. Tal vez para entonces, él ya se había dado cuenta de lo mal que me traía. Me la vivía pegada al celular para hablar con él y cada vez que hablábamos era magnífico para mí. Tan mal estaba yo, que no captaba las señales que eran más que obvias de que no era bueno en la cama. En ese momento lo tomaba con tanta naturalidad, que lo pasé por alto. La primera señal fue que me dijo: “Muchas de mis amigas me buscan más de lo que te imaginas”. En otra ocasión aseguró: “Mis ex siempre regresan a pedirme una segunda oportunidad, porque como yo no hay dos”. (Sí, ya sé, eso era bastante egocéntrico, pero yo no lo capté en el momento).

Ser su novia, la peor decisión

Cegada, acepté ser su novia (un error del que me daría cuenta poco después). Pfff, luego, el tipo se sentía la última lata de cerveza en el desierto. Creía que yo era la que tenía que sentirme afortunada de estar a su lado. Además, cuando tuvimos nuestro primer encuentro sexual, las cosas no salieron como yo hubiera deseado. No pensé que no fuera bueno en la cama. Creí que tal vez era tanta su emoción, que las cosas no habían salido bien. No habían pasado ni dos semanas cuando expresó: “Debes sentirte afortunada, pues muchas amigas me buscan y yo les digo que no porque tú eres quien me importa”. Me empezó a caer gordo, pero quise tener un encuentro más con él para comprobar si era tan bueno en la cama como presumía. Pasó el segundo encuentro y las cosas no mejoraron. Luego, me reí y me di cuenta de que trataba de ocultar lo malo que era en la cama con pura habladuría. Por fortuna, terminé con él y seguí mi camino como si nada hubiera pasado. A pesar de ser una experiencia no grata en mi vida, me enseñó algo, como dijo mi abuela. Aprendí que los hombres que son más habladores y presumen tener a muchas mujeres tras ellos, son los que menos saben qué hacer con una mujer en la intimidad.

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