Evitar las lágrimas no te hace más fuerte y puede enfermarte

La mujer fuerte a la que no le pasa nada esa soy yo. La chica que se ha negado a llorar por el desamor, la pérdida de un familiar y de un par de trabajos. Soy la mujer fuerte que vivió con dolores en el pecho por muchos años y me gustaría que la próxima vez que tengas muchas ganas de llorar, recuerdes esta pequeño aprendizaje. Debes saber que evitar las lágrimas puede empeorarlo todo.

La niña “fuerte”

 


Crecí con una mamá que me decía que llorar es lo peor que le puede pasar a una chica. De niña, cada vez que yo expresaba tristeza o descontento con un par de lágrimas, era reprendida. En mi casa, las lágrimas no eran del todo admisibles. Triste, pero cierto: crecí con la idea de que llorar era malo; una emoción que no valía la pena expresar. Lamentablemente llegó un momento de mi vida en en que ya nada me hacía llorar.

Insensible

Conforme fui creciendo adopté el patrón de mi mamá. Poco a poco dejé de demostrarle a las personas cuando me sentía herida y, peor aún es que trataba de evitar las lágrimas incluso estando sola. Los dolores de pecho empezaron a ser frecuentes en mi día a día. De adolescente aún lloraba cuando algo no me hacía sentir bien. Sin embargo, conforme fui madurando y sin darme cuenta de lo que hacía reprimía cada sentimiento que tenía. Enojo y tristeza eran enemigos comunes.

Pésima inteligencia emocional

Si eres de las chicas que acostumbra aguantarse las emociones, seguro has sentido esta presión en el pecho. Esa que casi no te deja respirar y se siente como una roca. Tus ojos se enrojecen pero no tienes forma llorar. Esta fue la historia de mi vida por algunos cuantos años. Así que perdí a mi abuelo materno, mi abuela paterna, dos trabajos y algunos amantes en el camino sin una sola lágrima. Para mí era algo normal sentir estos dolores de pecho cuando algo me pasaba. Esta costumbre de evitar las lágrimas cada vez que sucedía algo se convirtió en una costumbre que ya hacía sin pensar.

Hasta que un día

Comencé a sufrir lapsos intensos de ansiedad. Fue una muy mala época. De esas en que parece que todo a tu alrededor conspira contra ti para hacerte daño. Comencé a consumir ansiolíticos porque era la única forma en la que podía vivir tranquila. Viví de esta forma poco más de un año, hasta que me animé a ir a terapia. A decir verdad no fue nada extraño para mí encontrar que tenía atorados sentimientos de hacía mucho, pero mucho, tiempo. Mediante la terapia, logré entenderme mejor y a comenzar a sacar por medio de dibujos y ejercicio todo lo que traía adentro…. Pero aún faltaba la prueba final.

Cambiar el chip

A lo que voy con toda esta charla es que a veces nuestras mamás nos enseñan que debemos ser fuertes. Sin embargo, en el camino comenzamos a adoptar una serie de malos patrones aprendidos que tenemos que corregir. Tuve que luchar contra mi educación por un tiempo, pues toda mi infancia mi madre me dijo que debía evitar la lágrimas. Llorar no era admisible. Cambiar estos patrones aprendidos no es nada sencillo. Si te has atrevido a cambiar de mentalidad acerca de lo que sea sabrás qué tanto esfuerzo requieres para lograrlo. Fue una larga terapia para alcanzar la recuperación. Por fin, después de mucho tiempo comencé a llorar de nuevo.

El alivio

Es cierto: llorar no es de lo más atractivo. Sin embargo, si no nos atrevemos a expresar correctamente lo que sentimos, no aprenderemos a controlar nuestras emociones. Peor aún, no podremos evitar que estas se vuelvan en contra nuestra. Podemos pasar muchos años de nuestra vida en la oscuridad, con dolores de pecho y ciclos sin cerrar. Todas esas emociones que tienes dentro son válidas y sirven para crecer y adaptarse a nuevas situaciones. Por lo tanto, reprimirlas no va a hacer más que enfermarte.

Vivir con depresión y ansiedad es algo que no le deseo absolutamente a nadie. Es solitario, doloroso y te lleva a muy malos pasos. Llora, exprésate y aprende a ser más inteligente emocionalmente.

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