Estoy cansada de tener que esperar a que un hombre me busque por un rato de placer, ¿qué tiene de malo que yo lo busque a él?

Todos merecemos un rato de placer, no importa si somos hombres o mujeres. Sin embargo, estoy cansada de tener que lidiar contra mis deseos por culpa de lo que piensa la sociedad. Estoy harta de la forma en que nos educaron y la forma en que nos miran, sólo porque queremos ejercer nuestra sexualidad como mejor nos convenga. Me molesta que cuando los hombres son quienes te buscan, no tiene nada de malo, al contrario, está bien porque son hombres. En cambio, cuando nosotras los buscamos nos llaman urgidas, se sienten ofendidos o creen que estamos locas.

Nosotras también tenemos necesidades

La realidad es que aunque podemos recurrir a la masturbación y eso genera una sensación de satisfacción en nosotras, el contacto físico también es importante de vez en cuando. Si no tenemos pareja estable, podemos hacernos de algunos amiguitos con los que disfrutemos del sexo. Lo malo es que a veces nos persiguen todas esas críticas sociales.

La primera vez que lo hice…

Durante mucho tiempo había sido una chica de relaciones estables, hasta que un día, luego de una terrible ruptura opté por no formalizar nada con nadie. Así estuve durante un tiempo, hasta que el cuerpo comenzaba a pedirme algo de acción. (Es importante mencionar que durante ese tiempo sí tenía acción, pero sólo era conmigo misma; pues me masturbaba). Sin embargo, a pesar de eso, también quería tener contacto con piel de alguien. En ese entonces hablaba con un chico con el que nuestra onda iba más allá de sólo amigos. Un día, sin pensarlo tanto, decidí decirle que quería verlo para tener un encuentro sexual. Justo en esos días, él tenía mucho trabajo y yo lo sabía, pero eso no me impidió decírselo. Luego de mandar mi mensaje, me arrepentí muchísimo y me sentí la más culpable. ¡Cómo era posible que yo estuviera haciendo eso! Sentí que una enorme culpa caía sobre mí. Lo más gracioso es que él ni siquiera me había respondido y yo ya me estaba flagelando (figurativamente).

Acto seguido

Me sentía tan culpable por lo que acababa de hacer. Entonces le hablé a una amiga y le dije lo que acababa de pasar. Ella me dijo que no tenía por qué sentirme mal, pues lo que acababa de hacer no tenía nada de malo. Me explicó un poco sobre esa culpa que nos ha recalcado la sociedad y realmente no existe. Nosotras, al igual que los hombres, tenemos derecho a buscar un rato de placer con quien queramos, sin sentir culpa alguna.

Lo más importante es dejar de lado todos esos prejuicios que nos han perseguido durante mucho tiempo.

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