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Estar en bancarrota emocional no está nada bien, te cuento

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Hace unos meses pasé por algo que nunca me había ocurrido. Me sentía diferente, irritable por todo. Mi energía estaba por los suelos y creía que iba en decadencia. Hablé sobre esto con mi psicóloga y me comentó que estaba atravesando por una etapa de bancarrota emocional. El término se escucha muy chistoso, pero el asunto es bastante delicado, o al menos así lo considero yo.

Origen del término

Hablar de un estado de bancarrota nos remite de inmediato a lo económico. Si tienes dinero puedes pagar todo lo que necesitas y accedes a cualquier servicio sin problema alguno. Estar en bancarrota significa que no tienes dinero, que no puedes pagar ni invertir en nada. Si trasladamos el término a lo psicológico, podría entenderse como aquella situación en la que las expectativas y exigencias nos drenan emocionalmente.

Enojada por todo

Como mencioné antes, me sentía más irritable que de costumbre. Todo me hacía enojar, incluso si una mosca andaba cerca de mí. Lo peor es que no lograba controlar mis emociones y terminé dañando a todos los que se encontraban a mi alrededor. Pasar por un estado de bancarrota emocional tiene que ver con todo eso, pues no tenía la capacidad de procesar, compartir o expresar mis emociones. Perdí el completo control de ellas, dejándolas dominarme a mí. La terapeuta me dijo que podía pasar por un estado de indiferencia emocional, que significa que todo lo veía como ajeno y no me sentía parte de. También experimenté muchos sentimientos negativos que era difícil contener.

Supe que estaba en bancarrota emocional porque…

Sentirme irritada todo el tiempo era el principal signo de esta situación. Incluso las cosas más irrelevantes hacían que me alterara completamente. También comencé a reprimir mis emociones al grado de que terminaba explotando cuando menos debía. Mis cambios repentinos de humor eran el pan de cada día, parecía que todo el tiempo tenía síndrome premenstrual. Pasaba de la alegría al enojo, o del optimismo a la desmotivación. También hubo momentos en que pretendía rechazar mis emociones, pues me sentía culpable por experimentarlas. Tan mal estaba, que llegué a aislarme de todos, creía que nadie me comprendía, que no tenía un vínculo afectivo con nadie. El problema de experimentar la bancarrota emocional es que llegó un punto en que sentí que ya no podía más. Perdí mi equilibrio emocional y psicológico.

Proceso de recuperación

Entendí que había perdido el autocontrol emocional cuando empecé a enfocarme en todo, menos en lo que era más importante: yo. Comencé a perder toda la reserva que tenía en mi “batería emocional”, por así decirlo. Llegué a ignorar las señales de alarma que mi cuerpo emitía, y si las notaba, pensaba que eran por algo más.

¿Cómo evitarla?

Ahora, después de haberme dañado tanto, estoy aprendiendo a respetar mi límite. Debo ser consciente de hasta dónde puedo llegar antes de caer en el punto de no retorno. También estoy enfocándome en reforzar mi paz interior para que nada ni nadie me derribe.

Si estás pasando por algo similar, te invito a consultar a un especialista, no sientas miedo ni pena. ¡Es posible salir adelante!


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