Ésta es la razón por la que he decidido llevar a mis hijos a todas las fiestas a las que los inviten

Todos los niños aman las fiestas y más si se trata de la celebración de su mejor amigo, sus papás o abuelos. Así es, los niños no tienen problema con recibir gustosos cada invitación que se les hace. El problema es que a veces, como papás, tenemos actitudes que poco a poco van dañando ese buen corazón de los niños. Es más que obvio que todo lo que ellos son, en gran medida es resultado de lo que ven por parte de nosotros como su ejemplo a seguir.

Las fiestas deben ser respetadas

Realmente no había pensado en todo lo que implica llevar a cabo una fiesta. Siempre vas, comes, te diviertes y pasas un rato ameno con gente especial. Sin embargo, pocas veces había pensado en todo lo que está detrás de bambalinas. Ya sabes, el fuerte gasto, el tiempo, la intención. Hace poco fue la celebración de alguien muy cercano a mí. Recuerdo perfecto que sus papás estaban haciendo todo lo posible por conseguir un salón amplio en el que pudieran caber todos los invitados. Durante varios fines de semana fueron a comprar dulces, piñatas, pequeños obsequios para los niños. Se encargaron de la renta de mesas y sillas, un inflable y varias cosas para amenizar el evento. Andaban de arriba para abajo, haciendo lo que podían por cumplir el sueño de su pequeño: una fiesta con todos sus amiguitos. Sí, eso pensaban, pero cuando llegó el día de la fiesta…

Sus ilusiones se fueron hasta el suelo

El gran día llegó y ellos desde temprano estuvieron arreglando el lugar para recibir a los invitados. El pequeño estaba tan emocionado, se había puesto un disfraz y esperaba con ansias la hora del festejo. De toda la gente que habían invitado, llegaron sólo 4 invitados (con familia). ¡Cómo es posible eso! ¿Y todos los demás invitados? Recuerdo perfecto la cara del pequeño, que durante varias horas miraba hacia la puerta esperando que llegara alguno otro de sus amiguitos. No llegaron y no sólo sentí tristeza y coraje por el niño; también por sus padres que se habían esmerado tanto en comprar y rentar cosas para que, para que nadie llegara. Sin duda eso es una enorme falta de respeto. Ahí entendí que cuando inviten a mis hijos a las fiestas, siempre deben ir. ¿Por qué?

Porque conozco la ilusión del niño esperando su festejo

Ese día que vi la cara del pequeño, sentí horrible. Imagino que sus padres sintieron lo mismo. A mí no me gustaría ver a mis hijos sentados frente a una gran mesa vacía, esperando a que lleguen sus invitados y eso nunca suceda. Por eso cada vez que los invitan a las fiestas, vamos gustosos, para compartir un rato con esa persona que se tomó la molestia de contemplarnos en su festejo.

Porque los papás lo han hecho con mucho esmero

También lo hago porque sé que los papás han gastado, poco o mucho, pero han hecho un esfuerzo para hacer que sus invitados se sientan a gusto. No es nada agradable saber que has destinado ese dinero a algo que se desaprovechará. Al contrario, quiero que los padres del festejado se sientan contentos de ver que estamos ahí no sólo para festejar, sino también para apoyar si es necesario.

Porque se hace para compartir con los demás

Como dije, si recibimos una invitación, es porque mis hijos son especiales para el festejado y quiero que compartan ese momento. Eso va demostrando quienes realmente son amigos.

Porque quiero que mi hijo aprenda a ser empático y humilde

Sin importar si la fiesta es en una casa, en un parque, en un salón o sólo se trata de partir un pastel y ya; quiero que mis hijos entiendan que no se trata de lo que te den. Se trata de lo que significa el momento con personas especiales. Quiero que aprendan a no fijarse en los detalles, pues eso no es lo realmente valioso. Lo que importa son las personas con las que se comparte el momento.

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