Esta es la gran diferencia entre fluir y hacer como que nada pasa

“Fluye”, “déjalo ir”, “ten más resiliencia”, son frases que escuchamos cada vez con más frecuencia. Se debe a que la mentalidad de la generación de hoy está cambiando radicalmente. A mi modo de ver, eso es excelente, pues dejamos atrás los patrones que hicieron que nuestros padres no disfrutaran su vida de una forma más plena. Sin embargo, en esta época de “déjalo ir”, hay muchas cosas que se están quedando de lado. Equilibrio en las decisiones es lo que hace falta a la hora de elegir qué dejas fluir, qué no necesitas y qué se queda en tu vida. Pues dejar fluir no es…

Cubrirte los ojos y dejarlo a la suerte

Somos grandes fanáticos de la suerte. Dejamos las situaciones en manos del destino, de Dios o de lo que tú creas. Sin embargo, una cosa es dejar que fluyan las situaciones que no puedes controlar, y otra esquivar las situaciones que sí puedes controlar. Dejar que la vida fluya es un problema complicado, como una deuda, un conflicto de trabajo, etc. Es válido cuando no tienes mucho qué hacer por la causa. Al final, sabes que la respuesta es trabajar y pagarla o deshacerte de los pendientes. No hay mucho que puedas hacer al respecto. Sin embargo, dejar fluir una relación tóxica en la que tu pareja está fuera de control, te pega y amenaza a tus hijos es irresponsabilidad, pues en esas situaciones tienes el poder de decidir por una vida mejor.

La vida no debe ser tomada tan en serio, pero tampoco puedes cegarte

Esta onda de dejar fluir las cosas a mí me ha resultado de maravilla. Sin embargo, en ocasiones me ha orillado a tomar la vida fácil que, a la larga, termina siendo más dolorosa y difícil. Esperar a que la suerte llegue y te dé una nueva oportunidad de vida es como cubrirte los ojos. Puedes decirte todos los días “desearía una vida mejor”. Sin embargo, si solo “dejas fluir” y no haces nada para conseguirla, te aseguro que de aquí a tres años vas a estar exactamente en el mismo lugar donde te encuentras el día de hoy.

Comienza a poner manos a la obra

Decide y actúa sobre las cosas y situaciones que sí puedes controlar. Deja de esperar a que el chico que te dijo desde el principio que no quiere nada serio cambie mágicamente de parecer. Por favor, no esperes que la divina gracia llegue y te diga “te has portado bien, aquí están los boletos para irte a viajar por el mundo”. Mi papá siempre me ha dicho que la gran vida no es para los pasivos, sino para los pasionales. Esas personas que se atreven a decir “sí puedo”. Hacer como que no pasa nada y esperar no aplica cuando la situación requiere de una decisión tajante. Me refiero a situaciones como quedarte en una relación que no funciona, vivir con alguien, casarte con alguien, cambiar de trabajo, cambiar de lugar de residencia.

Ser diferente al resto

No te acongojes por tus problemas, ve poco a poco. Haz una lista de las prioridades que tienes en tu vida y dirígete todos los días hacia allá. Si ya no aguantas a tu marido, déjalo. ¿Odias tu trabajo?, ¡renuncia. Si quieres una pareja en tu vida, por Dios, sal de tu casita y empieza a conocer gente. Deja de hacerte la víctima o de ser una persona pasiva y afronta que  a veces tenemos que tomar decisiones que nos sacan de la zona de confort. Fluye bajo tus propias reglas sin afectar a los que te rodean.

Atrévete a ser resiliente de una forma responsable. Recuerda que una cosa es fluir y otra muy diferente dejar que la vida pase sin tomar decisiones.

 

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