Es momento de dejarte ir, aunque eso signifique llorar como Magdalena

Desde hace mucho tiempo me he propuesto escribir esto, pero creo que en lugar de enfrentar la situación, termino evadiéndola. Tal  vez eso me resulta más cómodo y es más fácil hacerlo en lugar de poner las cartas sobre la mes. Las cosas ya están hechas, sin embargo, creo que me faltaron muchas cosas por decir, por llorar y por soltar. Sé que lo mejor sería decirte las cosas de frente, o simplemente soltarme a llorar como Magdalena y que las lágrimas drenen todo eso que traigo dentro, pero por más que lo intento, las cosas no funcionan. Tan mal me siento, que he decidido recurrir a los chamanes para que me ayuden, pero ahora entiendo que la cura la tengo solo yo, dentro de mí.

Nadie te enseña cómo curar un corazón roto

Antes de que mi corazón quedara roto en mil pedazos, jamás imaginé que llegaría a sentirme de esta manera. Además, era algo que no veía venir, nunca lo imaginé; llegó de momento, como cuando un pájaro te caga en la cabeza. Así, nada más. No tenía ni la mínima idea de lo que iba a sentir o de cómo iba a reponerme de aquella situación.

El comienzo de una bonita amistad

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No voy a negar que llegaste a mi vida de la manera más linda que pudiera imaginar. De hecho, es una situación muy peculiar, pues te conozco desde hace años. Cuando nuestros caminos se cruzaron, éramos muy jóvenes, pero desde ahí hubo algo que nos atrajo a ambos. Formamos una linda amistad y eso es lo más significativo que pudimos construir. Sobre todo porque estamos en un país en el que muchas veces es criticada una amistad entre hombre y mujer. Nosotros logramos superar las críticas y compartimos muchos momentos de locura, tristeza y fortaleza juntos. ¡Jamás imaginamos que algo más podría pasar entre nosotros! Incluso yo era tu cupido con todas esas chicas que te gustaban. Te quería tanto, que hacía lo que fuera con tal de verte feliz. En más de un momento pude llegar a odiarte por las locuras que hacías y terminaban afectándome a mí. Como aquel día en que se te ocurrió lanzar un chicle y cayó en mi cabeza. Recordar tu cara cuando te diste cuenta de tu error es lo que hace que perdone aquel acontecimiento. Como ese, hubieron otros momentos, todos memorables.

La vida manda señales

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Luego de compartir muchas cosas por varios años, cada uno tomó su camino, creyendo que ese era el fin. Sabíamos que nuestros caminos iban hacia rumbos distintos y por mucho que nos quisiéramos no augurábamos que la amistad fuera a seguir de la misma manera. Sin embargo, la vida nos sorprendió y nos volvió a unir, una y otra vez. Durante todo ese tiempo, seguimos compartiendo tanto, sin imaginar que nuestros corazones estaban más conectados de lo que parecía. Un día, sin más, caímos en la cuenta de que estábamos enamorados y ahí comenzó todo. (Tal vez desde antes ya sabíamos lo que sentíamos mutuamente, pero nuestra amistad era tan importante para nosotros, que nos daba miedo echarla a perder por tratar de ser algo más). Recuerdo perfectamente el día que nos hicimos novios y lo bonito que la pasábamos. Todo era maravilloso, parecía que teníamos el mundo a nuestros pies. Nos sentíamos invencibles y eso era nuestro poder.

Así fue por mucho tiempo…

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Éramos cómplices de todo: aventuras, amor, travesuras, intimidad, incluso en los proyectos escolares, siempre estábamos apoyándonos. Podría decir que lo teníamos todo y tal vez no valoramos las cosas como debíamos hacerlo. Todos nos veían felices, sabían que entre nosotros había una química muy extraña, pero muy linda. Para preservar nuestro amor y amistad, tuvimos un pequeño hijo, fruto de nuestro amor. Con eso, creímos que las cosas seguirían yendo hacia arriba. Sin embargo, un día todo cambió. Tú simplemente cambiaste, parecía que te habían cambiado por otro. Empecé a desconocerte; ya no eras el mismo de antes. Ya no eras la persona que yo había conocido por mucho tiempo y que de verdad conocí de pies a cabeza y de la forma más íntima posible. Dejaste de ser ese del que me enamoré y un día sin más, decidiste alejarte de mí.

No dejaba de llorar como Magdalena

Cuando supe que te marchabas, no podía creerlo. No creía posible que fueras a alejarte después de toda esa maravillosa historia que habíamos construido por más de 15 años. Una historia así no cualquiera la tiene y por eso es que no entendía qué estaba pasando. Cuando volvimos a vernos, entendí por qué las cosas habían terminado de manera tan abrupta. Tú habías decidido dejar de crecer, en el sentido de que no querías seguirte haciendo responsable de las obligaciones que implica ser un adulto. Pareciera que en cuanto viste a tu hijo nacer, sentiste miedo y decidiste regresar al nido que te acogió. Si, no voy a negar que te haces cargo de tu hijo, pero solo a medias. Sigues teniendo una vida de relajo como si fueras un adolescente sin responsabilidad o una persona sin obligaciones. Después de llorar como Magdalena por mucho tiempo, me queda claro que, aunque me duela, mucho, tengo que dejarte ir. Ya no puedo seguir dejando un espacio en mi corazón por si decides volver, porque aunque lo hicieras, yo ya no podría aceptarte. Después de tu partida tuve momentos críticos, momentos en los que sentí que mi vida se iba al vacío. Todo eso sirvió para algo….

Crecí y descubrí una nueva versión de mí

Debo reconocer que, de vez en cuando, todavía llegan los recuerdos y esos me hacen  tambalear. Sin embargo, son solo eso, recuerdos. Para continuar, traigo a mi mente todo lo que pasó después de que te fuiste. Sé que, aunque dolió en el momento, fue la mejor decisión que pudiste tomar. No solo para ti, también para mí, porque de esa manera tomé las riendas de mi vida y le di un nuevo giro que sin duda, necesitaba.

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