Es complicado tener una relación con alguien deprimido porque me arrastra a ese mood

Jamás había estado con alguien deprimido, hasta que te conocí. Al principio creí que era lindo, pero conforme pasaba el tiempo las cosas se iban poniendo mal. Todo empezó a tornarse oscuro para mí y no fue hasta mucho tiempo después que decidí hacer algo al respecto. Las señales estaban ahí, pero yo no quería hacer caso de ellas, hasta que por poco me llevan a un estado anímico muy deplorable.

No quiere salir de la cama

Cuando él comenzó a deprimirse, optó por ya no salir de la cama. Al principio, todavía se paraba a comer algo o para ir al baño. Recuerdo que el primer día, cuando todo empezó, me dijo que no quería ir a trabajar. Yo pensé que sólo era uno de esos días en los que no tienes ganas de nada. Le dije que estaba bien, pues yo también he tenido días en los que solo quiero estar acostada. Sin embargo, ese día se convirtió en dos, luego en tres y después en siete. Pasada una semana, él dijo que simplemente no quería ir a trabajar. Ya no tenía ganas de ir, entonces le dije que buscara otro trabajo. Él sólo respondió que simplemente ya no quería saber nada del trabajo. Imagínate qué joda fue para mí, pues ahora el sustento de la casa tenía que llevarlo yo. Primera señal ignorada por completo. Punto para la depresión, tache para mí.

¿Y el sexo?

Pfff, si no quería salir de la cama, menos quería tener sexo. Los primeros días yo me encargaba de hacer toda la chamba. No tiene nada de malo, pues ha habido días en los que yo estoy tan cansada, que solo me enfoco en disfrutar. Pasaban los días y él no hacía nada por también entrarle a la acción. Incluso llegó un punto en el que parecía que ya ni disfrutaba del sexo. Solo estaba ahí para que yo me satisficiera. Señal dos ignorada, ¡de verdad!, ¿qué pasaba por mi mente?

Ha comenzado a robar mi energía

Pasaban los días y en vez de notar que él quisiera hacer algo, se hundía más. No recuerdo cuántos meses transcurrieron igual. En lugar de querer salir adelante, comencé a sentirme como él. No me gustaba sentirme así, porque ya de por sí la situación era complicada. Mi familia y amigos comenzaron a preocuparse por mí y me dijeron que buscara ayuda. Luego de que varias personas me lo dijeran, tomé cartas en el asunto y comencé a ir a terapia. ¡Qué bueno que lo hice, pues eso me ayudó a abrir los ojos! Entendí que vivir con alguien deprimido era muy dañino, y no sólo para mí, en esas circunstancias cualquier persona está en riesgo de entrar en el mismo mood.

No sale del círculo vicioso

En terapia entendí que mientras él no buscara ayuda, jamás buscaría sentirse mejor. Al contrario, estaría dentro de un círculo vicioso del que no hay escape sin ayuda. Y sí, en efecto, así era. Había días en los que él se veía bien, con muchas ganas, muchos planes. Había otros días en los que se sentía la peor persona del mundo y era un cuento de nunca acabar.

Decir adiós es lo más sano

Con ayuda de la gente que me ama y de la terapia, entendí que no era bueno estar con él mientras siguiera así. Traté de ayudarlo muchas veces, pero jamás quiso hacerme caso. Le gustaba ser víctima, ser el centro de atención y causar lástima. Tuve que decirle adiós por mi propio bienestar y simplemente desearle lo mejor.

Este video te puede gustar