¿Eres de las que piensa en todo demasiado?, yo también y no es bueno

No quiero sonar a gurú ni nada por el estilo, pero ¿cuántas veces le das vueltas a un pensamiento antes de hacer las cosas?, ¿vives con ansiedad? A mí me pasaba. Llegué a tener cuadros de ansiedad super feos ¡y por cosas que ni siquiera habían pasado aún! Eso se debe a que le doy demasiada importancia a la mente y quiero tener todo perfectamente organizado antes de que ocurra siquiera. Peor aún, en cosas que ni siquiera están bajo mi control. ¿Tú también eres de las que piensa en todo demasiado? Pues no es bueno. Aquí te cuento todo al respecto.

El origen de la ansiedad

La ansiedad es uno de los sentimientos más feos, tanto, que puede convertirse en una enfermedad. Muchas veces me lo habían platicado pero hasta que lo viví, lo entendí. La ansiedad es provocada por pensar en cosas que van (según tú) a pasar en el futuro. Y por tener ahí  la cabeza, dejas de disfrutar el presente y, al final, ni disfrutaste el presente. Solo te llenaste la cabeza de mil cosas ¡que ni siquiera sabes si pasarán, te causaron estrés y tu cuerpo termina sufriendo las consecuencias! Es frecuente que la persona que piensa en todo demasiado presente cuadros severos de ansiedad.

Cuerpo, mente y espíritu

La verdad es que antes de tener problemas de ansiedad era la primera en reírme de la gente que meditaba y hacía yoga o cosas así. Para mí solo eran hippies y ya. Ahora me retracto, después de tener problemas de salud causados por mi obsesión por controlar y pensar en todo, empecé a buscar soluciones. Ahora entiendo que, literalmente, somos “cuerpo, mente y espíritu”. Así como ejercito mi cuerpo, es igual de importante alimentar mi mente y mi espíritu. Y sin que suene a hippie, como yo misma me hubiera dicho hace mucho tiempo, en verdad es super importante que las tres partes estén en sintonía. De lo contrario, nada fluye.

Hay que dejar de pensar

Suena muy drástico: “Dejar de pensar”. Obviamente no puedes solo dejar de pensar y ya, pero lo que sí puedes hacer es entrenar tu mente para que poco a poco se vaya enfocando únicamente en los pensamientos útiles. Es decir, los pensamientos que harán que alcances tus metas en el momento en el que las necesitas y no estar pensando en 38 cosas más que lo único que causan es ansiedad. Es decir, podemos aprender a desechar rápidamente los pensamientos vacíos para enfocar nuestra mente en aquello que pueda servirnos para ser más felices.

Así se hace

Hay muchas maneras de hacerlo y distintas corrientes, pero el resumen es que la mejor forma de dominar nuestros pensamientos es mediante la meditación. Este ejercicio nos permite controlar aquello que ocurre en la mente. Mediante las técnicas de meditación aprendes a centrarte en un solo pensamiento y a no poner atención a las ideas que pasan y no sirven para nada. Una persona que piensa en todo demasiado se beneficia de la meditación porque se concentra.

Como si subieras una escalera

Como ya dije, hay mil formas de aprender a meditar, pero la analogía que a mí más me gustó y que creo que es muy funcional es esta. Imagina que subes una escalera y piensas en mil cosas a la vez, hasta que todas las preocupaciones se te acumulan en la mente.  La meditación propone que en ese momento elimines todo de tu mente excepto el hecho de subir la escalera. Fíjate en tu propio movimiento o en la forma de los escalones y que desaparezca todo lo demás. Ya sé que subir una escalera no va a resolver tus problemas, pero el punto es que si trabajas esta técnica, con el tiempo serás capaz de reconocer los pensamientos que necesitas y olvidar los que te perjudican. Y lo mismo ocurre cuando meditas, en vez de la escalera, ¡concéntrate en tu respiración!

¿Tú también eres una persona que piensa en todo demasiado?

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