Enojarme por todo, te cuento cómo le hice para dejar de hacerlo

La verdad es que soy una chica muy tranquila y algo reservada con las personas que no conozco. Sin embargo, no siempre fue así. Antes solía  enojarme hasta por el clima. Ese mal carácter me traía muchos problemas de los que no siempre salía bien librada. Podría contarles mil historias de todos los embrollos en los que me metí por ese bellísimo carácter. No obstante, esta vez quiero centrarme en la forma cómo dejé de estar enojada por todo y con todos.  No fue fácil, pero ha sido uno de los mejores cambios en mi vida.

Siempre fui una niña enojoncita

Mis padres siempre han sido personas muy centradas, honestas y responsables. Por tanto, jamás fui una niña consentida. Sin embargo, hacía berrinches constantemente. Si algo no salía como yo quería, me enojaba, si las personas no hacían lo que quería, lloraba. Cada vez que me sentía enojada no podía expresarlo de la forma correcta y entonces hacía un espectacular berrinche. En este sentido, muchas veces mi madre trató de mantener bajo control esa situación. Sin embargo, yo no terminaba de sentirme bien y mi humor cambiaba constantemente. Al final pensé que sólo era mi forma de ser y así crecí a lo largo de los años.

Ustedes saben que en la adolescencia todo empeora

Esos episodios de enojo inexplicables nunca se fueron. No obstante, durante la adolescencia regresaron con más fuerza que antes. Alimentados por todos los cambios hormonales y emocionales, yo parecía un personaje de película de terror más que una adolescente. Cualquier cosa, literalmente, me encendía: comentarios negativos, que el clima fuera malo, que la comida no supiera bien. Me la pasaba muy mal todo el tiempo que estaba enojada y seguía sin entender qué sucedía conmigo.

Lo que sufrieron mi pareja, familia y amigos

Peleaba constantemente con todo el mundo y por los peores motivos. Una vez me enojé con mi novio porque no pensaba lo mismo que yo acerca de una película. ¿Puedes creerlo? Lo peor es que eso me sucedía con todo el mundo: mis amigos, mis padres y mi familia en general. En consecuencia comencé a ser más introvertida. Prefería eso a pelear con todo el mundo pues sabía que había algo malo con mi forma de comportarme. Por su parte mi familia, amigos y pareja se preocupaban por mí, pero me aceptaban como era. Incluso, hasta me alentaron a ir con un terapeuta.

Así dejé mi mal carácter

No acudí a terapia, comencé haciendo ejercicio y mágicamente el estrés comenzó a irse. También intenté meditar  todos los días por las noches. Desde entonces descansé mejor y tuve tiempo para reflexionar sobre lo que sentía y lo que pasaba por mi cabeza cada vez que me enojaba. Se trataba de distintos  problemas no resueltos que prefería evadir. Por eso, cada vez que algo se salía de mi control, tenía miedo y comenzaba a frustrarme pues no encontraba una forma sana de expresar mis sentimientos y emociones. Eso detonaba mis episodios de furia, lo que me creaba más problemas y formando un círculo interminable. Por eso, desde ese día cada vez que algo me molesta, me tomo el tiempo para pensar por qué. También me aíslo un poco para relajarme y buscar la solución. No es fácil dejar ese carácter, pero te aseguro que vives más feliz y tranquila cuando lo haces.

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