El romance prohibido que no me deja dormir; ¿te ha pasado?

Nos mirábamos a los ojos de lado al lado de la mesa, sin decir una sola palabra. Él me veía a mí y yo a él solo por unos segundos. Comíamos con naturalidad, aunque por dentro ambos estábamos ardiendo. Yo evitaba voltear al frente, trataba de prestar atención a lo que decía mi tía sobre el precio del aguacate. No obstante, cuando volteaba a verlo alcanzaba a distinguir ese brillo en sus ojos, la sonrisa coqueta que ponía justo antes de quitarme la ropa. Yo respiraba profundo. Así la familia jamás sospecharía de la aventura, después de todo el era mi primo político.

Sentía su pie acariciando mis piernas

 

De vez en cuando sentía su pie acariciando mis piernas, cuando lo hacía su sonrisa se hacía más evidente. Entonces tomé mi celular y le envié un mensaje: “Deja de hacer eso o me voy de la mesa”. Su celular brilló por unos segundos y mi corazón latió fuerte. ¡Qué tonta! ¿Y si su mamá que estaba a un lado alcanzaba a leer la notificación? Bueno, no sabía con qué nombre me tenía guardada en su celular. Tendría ese horrible apodo meloso que me puso en la notificación “Hun” , diminutivo de honey. Miró su celular un segundo, suspiró y comenzó a contestar. Yo bajé mi celular de inmediato. No quería que sonara, estaba asustada. Pero no me contestó a mí, enseguida comencé a hervir de rabia. Luego me miró, tomó su celular y se retiró de la mesa hacia otro lado para contestar la llamada. Estaba muerta de celos, mi cara reflejaba molestia a tal grado que mi primo a un lado me pregunto: “¿Todo bien, ese novio tuyo te está haciendo enojar?”. Respiré profundo y le respondí: “Todo bien, solo me acordé de una tontería. Voy a marcarle al novio tonto”.

Me levanté de la mesa buscándolo con la mirada

Ya no estaba en ningún lado visible, así que decidí ir al baño a arreglarme el maquillaje. Mientras caminaba hacia allá me iba recriminando mentalmente. “Eres una tonta, después de todo es una aventura. ¡Es tu primo por Dios santo! Es hora de acabar con todo esto de una vez por todas”. Entré a la habitación de mi tía para ir al baño, los demás estaban ocupados. Justo cuando entré en la habitación, él iba saliendo. Pasé a su lado sin decirle una palabra. Él me vio enojada, se quitó del paso y me hizo una reverencia como diciendo “pásale”. Yo entré al baño exasperada. Me detuve un momento para verme en el espejo y revisar que mi outfit estuviera en su lugar. Y pensar que me compré ese lindo vestido con encaje para presumírselo. Estaba realmente furiosa con él. Siempre supe que era un mujeriego, pero nunca me pareció que ese fuera un impedimento. Aunque no significara nada para él, yo ardía de celos.

Salí del baño y ahí estaba

Me tomó por sorpresa. Había cerrado la puerta del cuarto con seguro, estaba semidesnudo y tenía el cinturón en la mano. Me miró son esa odiosa sonrisa. “¿Estás muy enojada? Pero eres tú la que se ha portado mal conmigo toda la comida. Creo que te voy a castigar aquí y ahora”. Me congelé completamente, pero no se iba a salir con la suya. Fui hacia la puerta con intensión de abrirla e irme, pero antes de que tuviera la mano en el picaporte él ya me tenía agarrada. Me cargó y me llevó a la cama colocándome sobre su regazo, subió mi vestido con una mano mientras la otra me detenía mientras yo intentaba zafarme. “¡Bájame! van a subir y nos van a cachar, no seas insensato”. Él se reía. “Creo que tenemos unos momentos guapa, solo eso necesito. Espero que después de esto no me vuelvas a hacer un berrinche mientras te acaricio bajo la mesa”.

Me dio una nalgada

De un momento a otro estaba muy prendida. Me encantaba este odioso hombre insensato tirando de mi cabello mientras me acariciaba el trasero. Sentí sus ganas, me volteó y comenzó besarme. Primero los labios, luego el cuello, moviendo mi rostro, tirándome del cabello. Retiró mis bragas con una mano mientras la otra seguía sujetánome y sus labios me besaban el cuello. Por fin me soltó. “¡Qué lástima que esto tenga que ser rápido, si no, haría que me lo comieras todo por haberte portado mal”. No tuve tiempo de reaccionar, me volteó y sin previo me volcó en la cama y entro en mí. Me tenía agarrada con las manos en la espalda, iba lento y luego subía el ritmo. Luego salió y volvió a entrar, yo evitaba soltar gemidos ahogándolos en la colcha.

Como era de esperarse…

Alguien tocó la puerta. Entré en pánico e intente voltearme; pero él no paraba, al contrario: me lo hacía lento pero más duro. Mientras, escuché la voz de mi tía afuera: “¿Quién cerró la puerta? ¿Hay alguien?”. Escuchamos que mi tía cedió y bajó la escalera. Fue cuando me volteó, me cargó y seguimos aferrados el uno al otro. Ya no podía respirar. Entre el miedo y la excitación  sentía que iba a estallar en cualquier momento. Sentir su espalda era como estar en el cielo. Aceleró el ritmo sosteniéndome del trasero hasta que ambos llegamos juntos al cielo. Solo entonces me tiró en la cama y lo sentí sobre mí, no podía moverse. Su respiración entrecortada en mi oído poco a poco comenzó a normalizarse. Salió de mí con suavidad y me dio un largo beso en los labios. Se levantó y se vistió mientras yo intentaba levantarme, pero las piernas me fallaban. Tomé un respiro y busqué mis bragas. Ya estábamos prácticamente vestidos cuando la puerta del cuarto se abrió…

Este video te puede gustar