El malo de la historia no fuiste tú, el problema fue mío por ponerte en un pedestal tan alto

El día que terminamos mi corazón se rompió en miles de pedazos. Aunque sabía que ese momento podía llegar, jamás me preparé para ello. Nadie se prepara para afrontar una ruptura. Simplemente pasa y tienes que hacer algo, o te dejas ir con la corriente o peleas para salir adelante. Sí, en ese momento no lo sabía, y me costó mucho dolor aprenderlo. Por desgracia, mientras llegaba a este punto, sólo sabía que había un culpable (al menos en mi mente y en mi corazón) Tú eras el malo de mi historia, el canalla, el poco hombre. Pero en realidad no fuiste tú, fui yo por todas esas ideas que formé en mi mente sobre ti.

Te engrandecí más de lo que debía

Cuando estábamos juntos te veía como lo máximo, como el hombre perfecto o ideal. Pensaba que no podía encontrar a alguien que te superara y por eso dejaba que hicieras conmigo lo que quisieras. Si querías pisotearme, yo lo permitía porque pensaba que merecía eso. Así fue durante mucho tiempo y siempre te defendía. Incluso cuando mis amigos o mi familia sabían que no estaba bien a tu lado, no me importaba ponerme en contra de todos. Así siguieron las cosas, con altas y bajas. Hasta que todo terminó.

El corazón se rompió

Mi corazón estaba destruido y tardé un buen rato en poder salir de ese gran bache. Al principio había jurado no volver a tener contacto contigo porque sabía que me haría daño. Y a diferencia de lo que muchos pensaban, luego de un tiempo nos convertimos en “amigos”. ¡Grave error! Yo pensaba que convirtiéndonos en amigos, podría reconquistarlo y las cosas volverían a ser como antes. (Sí, ya lo sé, que patética).

¿Él pisoteó mis expectativas?

Yo aseguraba que fuiste tú quien me hundió, quien me hizo sentir mal. La realidad era que tú no eras el culpable, sino yo. Yo por pensar que podía reconquistar a alguien que sólo me humillaba y que a pesar de eso pensaba era la persona correcta para mí. Cuando yo pensaba que éramos amigos, me dijiste cosas y planes que tenías con tu nueva pareja. Me dijiste que ella te hacía sentir vivo y que con ella querías un futuro a largo plazo. Ahí en ese momento comprendí que sólo la culpa había sido mía.

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