El cambio que sufre una chica de 20 al convertirse en una señora de casi 30

Este fin de semana compré una licuadora que hace frappés. Me dio tanta emoción contar con este artilugio de cocina, que corrí a casa a prepararme un delicioso mojito. Cuando llegué, me di cuenta de que ya era tarde, hacía frío y no tenía omeoprazol. Fue entonces que caí en cuenta de que me convertí en una señora de casi 30. Es un cambio que no se nota de inmediato. Un día estás tomando tequila de la boca de una botella y al otro ya tienes una bolsa con omeprazol y una bebida con electrolitos para evitar la cruda en tu bolsa de mano. Estas son las señales de que al igual que yo, te has convertido en una señora hecha y derecha.

Llevas un kit de medicamentos

En algún punto de mi adolescencia, cuando la comida eran papitas con mucha salsa y bebidas azucaradas, (a veces con alcohol) eran mejor que el agua, mi estomago sufrió estragos. Sabes que te has convertido en una señora cuando llevas en el bolso de mano un montón de pastillas por si acaso. La primera de todas es el omeprazol. Además, ya no puedes tomar ni comer como antes, la salsa y el alcohol se han convertido en gustos que a veces puedes o no darte.

Salir o ver Netflix

Antes, no importaba si eran las 10 de la noche, si era viernes era una señal inequívoca de que debías salir de fiesta. Debo confesar que estos últimos años, la palabra viernes para mí es una invitación a relajarme en la comodidad de mi cama. Se ha vuelto algo muy gracioso, encontrarme con que no soy la única que piensa igual. Muchas chicas y chicos solteros o con pareja prefieren pasar sus viernes durmiendo y viendo series en vez de salir a tomar un trago. Si te identificas con esto, lamento decirte que también te estás convirtiendo en una señora.

Te has vuelto adicta a los topers

Antes, era tu mamá la que te regañaba si dejabas el toper en la oficina o en la escuela. Ahora eres tú quien los compra y cuida como si fueran oro. Has comenzado sin duda tu fea transformación cuando comienzas a darle un extremo valor a los recipientes herméticos.

Tacones o zapatos cómodos

Hace unos cuantos años no importan si iba a una fiesta en jardín, los tacones y yo éramos uno mismo. El día de hoy pensar en ponerme tacones no solo me da pereza, también cuestiono su utilidad. Es triste, pero antes podía ir en tacones a las clases de la universidad sin importar que el piso estuviese repleto de hoyos y adoquines por lo que podía acabar en el piso. El día de hoy ya no los aguanto ni dos horas consecutivas.

Cuando sales con alguien más joven

Hace muy poco salí con un chico 3 años menor que yo y para mí fue una verdadera tortura. Mientras él salía de la universidad con toda la pila del mundo, yo solo quería morir en mi cama. Explicarle que ya no quería salir a las 10  de la noche no solo me daba pena, sino miedo ajeno. Salí con él de fiesta un par de veces y por supuesto que no me arrepiento de nada. Sin embargo, seguirle el paso a su nivel de fiesta fue prácticamente imposible. El cambio fue radical, me convertí en una señora.

Quien dijo que crecer no duele es un completo mentiroso. Aún extraño la energía que tenía hace tres años para levantarme de la cama a las  de la mañana para irme al gimnasio y aguantar la fiesta hasta las cuatro del día siguiente.

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