El amor siempre regresa si es el indicado, créeme no tienes que forzarlo

Te voy a contar la historia completamente real de un amor que viví hace tiempo y regresó. De esta forma comprobé que cuando el amor es verdadero, o cuando encuentras al indicado, no hay forma humana de que se aparte de ti o no regrese… Claro que no va a ser cuando tú lo quieras.

La historia de amor menos cursi del mundo

No te voy a adornar nada de esta historia. La verdad es que conocí a este hombre en una fiesta bajo el influjo del alcohol. Con esto resumo que nuestro primer encuentro no fue el cuento de hadas que muchas esperan escuchar. Comenzamos a salir a partir de esa noche y durante dos meses. En realidad él cumplía muchos de los puntos que yo buscaba en un hombre, pero existían algunas cosas que no me cuadraban al 100%. Sin esperanzarme de más, me aventuré y me interné en una relación que fue creciendo poco a poquito. Sin embargo, esta nunca llegó a germinar, ya que el hombre en cuestión no se encontraba en disposición de tener una relación seria conmigo. Por tanto, como buena mujer empoderada decidí dejarlo ir.

Y cómo buena mujer imprudente tuve un duelo un tanto complicado

Sin saber si lo que estaba haciendo era del todo positivo, dejé ir a este hombre que me encantaba, pues sabía que la disposición podía no cambiar. Supe que no podía ser el indicado para mí estando en esa situación. Así que con el corazón roto pasé unos meses llorando por no ser correspondida. Él nunca se mostró interesado en detenerme y mucho menos en regresar conmigo. Al poco tiempo me enteré de ya se encontraba en una relación formal. Así que después de un gran coraje, berrinche y algunas noches llorando comencé a reconstruirme.

Paso a paso hasta encontrar el cielo

Pasar por cualquier ruptura es difícil. Es como borrar un dibujo a la mitad y después intentar arreglarlo. Es mejor tomar otra hoja y comenzar de nuevo. Después del horrible suceso, pasé unos días reflexionando al respecto. Me di cuenta de que yo no estaba lista para tener una relación, y por si fuera poco, le había entregado la responsabilidad de mi felicidad a otro ser humano. Entendí que nunca habría podido tener una buena relación con este chico aunque él se hubiera quedado, pues no me encontraba muy estable emocionalmente cuando lo conocí. Por lo tanto, tomé lo que quedaba de mí cuando acabó la relación y adopté la forma de vida de un alcohólico: sí, un día a la vez.

Encontrándome a mí misma

Creo que es importante para las chicas que están pasando por una ruptura darse cuenta de que buscar a la persona y rogarle que regrese nunca es una buena opción. Las relaciones que se acaban siempre dejan detrás de sí una serie de aprendizajes que nos hacen crecer. Claro que pasas un rato en oscuridad, pero por fortuna tú puedes decidir qué tanta oscuridad eres capas de absorber o dejar ir. Pasé un buen rato sin rumbo fijo reflexionando sobre el tipo de mujer que yo quería ser. Me sentí muy perdida algunos días, hasta que decidí confiar en lo que Dios o el universo me tenían reservado en mi vida. Fue como un salto de fe hacia lo desconocido.

Algunas noches

Mi vida a partir de ese día comenzó a sentirse más ligera, como si todo se fuera arreglando poco a poco. Algunas noches antes de dormir miraba por la ventana e imaginaba qué pasaría si él regresara o, por alguna extraña razón, me lo encontraba en la calle. Parte de mí seguía esperando un milagro ya muy poco probable. Pasaron dos años o quizá un poco más, yo seguí con ese estilo de vida. Un día a la vez, mi vida mejoró, mi ánimo también y recuperé mis ganas de vivir mejor. Poco a poco el recuerdo de ese amor se convirtió en uno de esos sueños dulces que te acompañan en la vida. Dejé de recordarlo con amargura y muy pocas veces regresaba a mi mente.

Después el milagro sucedió

Durante este tiempo tuve algunas relaciones y unos cuantos amantes que si bien me hacían feliz y me enseñaron mucho, no eran realmente lo que yo esperaba. Estaba en una fiesta con algunos viejos amigos, cuando de repente este chico salió de la nada y me invitó a bailar. Quedé un poco estupefacta cuando lo vi, pero lo acompañé a la pista. Después de una noche llena de risas, de algunas lágrimas de por medio quedamos en vernos de nuevo. Así pasaron los meses. Volvimos a conocernos de una forma muy diferente a la primera vez. Él no era el hombre callado ni triste que conocí la primera vez y yo ciertamente no era la mujer confundida y triste que besó en un momento de ebriedad. Nos encontramos con una hermosa y nueva versión de nosotros mismos, una versión que nos enamoró profundamente.

La relación se dio con tanta fuerza, que impulsó la vida de ambos

Fue muy natural y no a la vez. Éramos dos amantes que no se habían visto en años y de la nada comenzamos algo de cero. Sin pensarlo ni creerlo demasiado, era como si la vida nos hubiera jugado una broma. Yo nunca fui fan de esa frase: “sí es tuyo, déjalo ir…”. En realidad no creo que existan almas gemelas. Lo que sí creo es que en el pasado ninguno de los dos estaba preparado para el otro; así que cuando ambos estuvimos estables y felices, el universo volvió a juntarnos, como si siempre hubiésemos estado conectados a la distancia. No hubo esfuerzo de ninguna de las partes para regresar. Él me confesó que había veces que pensaba en mí, aunque era de forma muy esporádica. Algo similar a lo que yo sentía.

¿El indicado? En realidad no sé si lo considero así. Lo único que sé es que ha sido el amor más completo que he encontrado en toda mi vida. Con él aprendí que el amor no se tiene que forzar, ni tampoco debe ser perseguido. Creo que el destino nos dio a ambos la dicha de encontrarnos en dos diferentes etapas de nuestra vida para darnos cuenta de que cuando es verdadero, el amor une a dos personas sin importar nada más.

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