Deja de pensar que porque soy mamá tengo más privilegios que tú en el trabajo

Sé que nadie me dijo que tomara la decisión de ser madre. Es algo que yo hice por decisión propia. Sin embargo, para una madre trabajadora, es complicado en ocasiones tener que lidiar en el trabajo. Aunque en mi camino se han cruzado muchas personas buenas, no faltan los que a todo le buscan un pero. Por ejemplo, creen que tengo más privilegios que los demás. La cuestión es que eso es completamente falso.

Mi vida no es solo el trabajo

Como dije, la decisión de ser madre fue sólo mía. Eso no quiere decir que por tener un bebé, deje de lado mis sueños y aspiraciones. Soy mujer, trabajo para darme un gusto a mí (personal y profesionalmente hablando). También soy madre, porque tuve el deseo y tengo la convicción de que puedo hacer algo grandioso con ese maravilloso ser que el universo me prestó. A partir de que tomé esa decisión, es una labor que hago 24/7 sabiendo que no tendré prórroga alguna, como en otros aspectos de mi vida.

Más trabajo

Para los que creen que tengo más privilegios en el trabajo, se equivocan. Habrá veces en que me dejen salir antes o faltar a la oficina para cumplir con mi labor de madre. Lo que no saben, es que me desvelo u ocupo otros momentos de mi vida para cubrir con mis obligaciones laborales. Lo hago para demostrarme que puedo con ambas responsabilidades. Para demostrar que los hijos no son impedimento alguno para llevar a cabo cualquier proyecto.

¿Cuáles son las prioridades?

Una vez que mi bebé estuvo en mis brazos, mis prioridades en la vida cambiaron. Si antes era el trabajo, ahora era mi hijo. Sin embargo, también estaba consciente que de no ser responsable con mis obligaciones laborales, podía quedarme sin trabajo y no cumplir con las necesidades de mi hijo. Mi familia lo entendió, mis amigos también, pero los que seguían con dudas y rencillas eran mis compañeros de trabajo (bueno, no todos).

No me justifico ni espero que lo entiendan

La verdad es que no vivo de lo que los demás crean de mí. Si quieren pensar que tengo más privilegios, pueden pensar lo que gusten. Solo yo y mi hijo sabemos todo lo que a veces tengo que “catafixiar” por cumplir con ambas partes. En el trabajo, más de una vez fui mal vista, juzgada o criticada por tener que salir temprano o no ir. Sí, para mis compañeros era fácil hablar. Lo que no sabían era que yo tenía que ir a consulta médica o que el cansancio cada vez se apoderaba más de mí.

Vacaciones

Por ley, te dan varios días antes y después de que nace el bebé, para que puedas estar con él. Es algo que a todas las madres se les da con razón justificada. A ojos de mis compañeros, yo me había tomado unas largas vacaciones. ¡Por Dios! Me hubiera gustado que estuvieran en la sala de quirófano para ver si les quedaban ganas de juzgarme o criticarme. Además, luego de salir del hospital, tuve que regresar a casa y no sólo atender al bebé, sino todas las obligaciones del hogar. ¿Vacaciones? Si acaso los momentos de la ducha o de ir al baño eran los únicos que tenía para mí.

Juzgada solo por ser mamá

En la oficina tengo la posibilidad de adelantar todo el trabajo que me sea posible. Todo esto con un solo propósito: poder llegar a casa y dedicarle todo el tiempo posible a mi hijo. En un abrir y cerrar de ojos crece y si no lo aprovecho ahorita, cuando quiera hacerlo ya será muy tarde. Solo quisiera que quien se atreve a juzgarme, sepa que en cuanto salgo del trabajo no llego a casa a tirarme con la panza salida. Llego a recoger casa, hacer de comer y pasar tiempo con mi hijo. Poco es el tiempo que tengo para acostarme, pues tengo muchas cosas en las que trabajar.

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