De acuerdo a tu comportamiento, descubre en qué tipo de señora te estás convirtiendo

Ok, todas (cuando éramos más jóvenes) juramos no convertirnos en el retrato de nuestras madres. Notábamos tantas manías o comportamientos que tienen y muy dentro de nosotras decíamos “ay no, yo no voy a hacer eso así”, “yo voy a ser diferente que mi mamá”. Sin embargo, temo decirte que no podrás hacer mucho, porque a partir de que cumples 30, te estás convirtiendo en una doñita hecha y derecha. Si no me crees, sigue leyendo.

De las plantas

De un momento a otro, notas que las plantas ya no se te mueren. Ahora viven, aunque las tengas en un bote sin chiste. Antes gastabas en macetas, abono, tierra y cuanto menjurje hubiera, para que no se murieran. Como has notado que eso ya no es necesario, te has ido haciendo de más y más plantas. Tu casa ya parece selva. Bien por ti.

De los remedios y medicinas

Todos tus amigos recurren a ti, ya sea para pedirte algún consejo o para que les convides alguna medicina. Has comenzado a tener achaques de la edad y cargas con pastillas para la colitis, para el dolor de cabeza, por si tienes resfriado. En fin, tu bolso parece botiquín.

De las ofertas

Eres cazadora especializada en ofertas, ya sea de ropa, de productos para la casa o cualquier cosa que valga la pena comprar. Cada vez que sabes de algo, le avisas a tu familia y amigos. De hecho, andas con cuponeras en la bolsa.

La loca de los perros o gatos

Te estás convirtiendo en toda una señora, porque ahora cada animalito que ves sin casa o desprotegido, lo llevas contigo. No importa si en casa ya tienes compañía, sabes que donde comen dos, comen tres o más.

Emprendedora

Ahora andas buscando hacer negocio con todo lo que se pueda. Te has inscrito para vender varias cosas por catálogo. En tu casa has puesto un negocio de postres, plantas o lo que puedas vender.

De los chismes

Te estás convirtiendo en la competencia directa de varios programas que se dedican a contar chismes. Lo mejor es que tú no sólo te sabes los chismes de la farándula, sino también de la gente de tu colonia. Por eso siempre terminan buscándote a ti.

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