Cosas que cambian en tu vida al mudarte de la casa de tus papás

Vivir con la familia puede ser un caos. Siempre hay discusiones, problemas y drama, pero eso es parte de todas las relaciones humanas. Cuando estás en tu hogar das muchas cosas por sentado, las cuales valoras al independizarte. De acuerdo con mi experiencia, estas son 10 de las muchas cosas que cambian en tu vida al mudarte de la casa de tus papás.

Cuidar tus finanzas

Lo primero y más importante es que cuides tu dinero. Cuando estás en casa con tus papás no tienes tantas responsabilidades como cuando vives sola. Y lo que ganas es todo lo que tienes para vivir (o sobrevivir), así que siempre tenlo presente. En mi caso hago lo siguiente: la quincena en la que pago renta divido el dinero que me sobra en los pagos y gastos que tengo que hacer. Con esto me refiero a sacar dinero para el transporte, comida y tener un colchón para las emergencias. Cuando no pago renta, puedo darme “lujitos”, pero siempre dejo un colchón para las emergencias.

Labores del hogar

Y una de las partes más divertidas de “independizarte” son los labores del hogar. No importa la hora a la que vayas y regreses del trabajo, siempre tienes que sacar tiempo para limpiar la casa, cocinar, lavar los trastes y lavar y planchar la ropa. Mi consejo es que aprendas a organizarte y no dejas las cosas para última hora porque luego tendrás una avalancha de cosas por hacer. Yo procuro hacer diariamente el quehacer que me “toca” y los fines de semana hago las tareas más “pesadas”: limpiar la casa y lavar la ropa. Para serte honesta, me encanta limpiar (recuerda que soy obsesiva-compulsiva); sin embargo, lavar la ropa es mi dolor de cabeza. A pesar de ello, me armo de valor y soy consciente de que si no lo hago, nadie lo hará por mi… Sí, bienvenida la “independencia”.

Ir al supermercado

Mi papá siempre decía “uno come para vivir, no vive para comer“. Con esta frase no sólo se refería a que uno debe cuidar cuánto come, sino también lo que uno come. Al vivir sola el diablillo de la comida chatarra se hace presente. ¿Por que? Porque quiere incitarte a decirle sí a la comida menos saludable del mundo. Admito que hubo un momento en el que cedí a sus encantos, pero enmendé el camino. ¿Cómo? Acudiendo al supermercado y comprando alimentos sanos y frescos. Siempre hago una lista de lo que necesito, tras pensar qué cocinaré en la semana; este punto te servirá para cuidar tus finanzas (arriba).

Llegar a casa y…

Yo no vivo sola, sino con roomies. Esto quizá te hará pensar: “Ahhh, entonces siempre estás acompañada”. Resulta que no siempre es así, ya que tenemos horarios diferentes. Cuando vivía con mi mamá siempre salíamos a la terraza y nos poníamos a platicar, luego de que yo regresara del trabajo. Esas pláticas se prolongaban hasta por dos horas y continuaban a la mañana siguiente, en las que a veces nos poníamos a bailar. Pero eso ya  cambió. Hay días en los que tengo la casa para mí sola. Sí, a veces me pongo a cocinar y pongo algo de música para romper el silencio.

Más tiempo para ti

Cuando  vives con tu familia todo es un relajo y te la vives corriendo para hacer una y otra cosa. Pero al mudarte eso cambia radicalmente y lo notas más porque finalmente tienes tiempo para ti. Esto te permite dedicarle tiempo a tus aficiones, pero si no sabes cuáles son ¡pues las descubrirás! Pero no sólo conocerás tus hobbies, sino también a ti misma.

Nuevas facetas

Como te vas conociendo más (punto de arriba), descubres nuevas facetas en ti. Por ejemplo: yo aprendí (sigo aprendiendo) qué se debe hacer cuando ocurre un sismo. Cuidar a una de mis roomies cuando estaba enferma me hizo darme cuenta de que tengo un lado maternal. Tal vez parezcan cosas simples, pero hacen crecer como persona.

Te sientes libre

Finalmente, te sientes dueña de tu tiempo, de tu vida. Cuando uno vive en casa se apega a ciertas reglas y lleva una rutina. No obstante, al vivir sola aprendes a ir por el mundo y a medir tus tiempos. Ojo, con esto no quiero decir que era una prisionera en casa de mi madre, ¡para nada! Pero sí estaba “acostumbrada” a un estilo y ritmo de vida, que de hecho era mi zona de seguridad. Así que ahora digo que me siento libre porque ¡rompí con esas ideas de “cómo se supone que debía ser mi vida”! Sí, las rompí y las cambié por aquellas que me hacen sentir feliz.

Este video te puede gustar