Cosas que aprendí luego de un mal de amores

Todas hemos sufrido un mal de amores. Ya sabes, esa persona que era muy especial para ti y que te destruyó por completo; bueno, mejor dicho, ambas partes se destruyen. Recuerdo que cuando pasé por eso sentí que era el fin del mundo y puede que en ese momento haya sido así, pero luego de eso, aprendí muchas cosas que ahora puedo decir que agradezco.

Luego de un mal de amores…

Lo primero que sentí fue mucho dolor, tenía miedo y sentía que era el fin de mi vida.

Por más que buscaba una respuesta, no lograba comprender qué había pasado o porqué se había acabado la relación.

Sí, también perdí mi dignidad en varias ocasiones al buscar a esa persona y tratar de que las cosas fueran como antes.

No quería hacer nada, sólo me la pasaba llorando.

Fue un tiempo bastante complicado en el que temí no salir de la oscuridad.

Incluso llegué a pensar que todo lo que había pasado era sólo mi culpa. Pero con el paso de los meses y de la ayuda que recibí en la terapia me di cuenta que no era así.

De todo se aprende

Después de tener varios meses de oscuridad, busqué ayuda y poco a poco vi de nuevo la luz.

Comprendí que aunque yo había tenido parte de la culpa (por mis comportamientos y forma de resolver las cosas), no todo quedaba en mis manos. Hay que recordar que una relación es de dos.

Entendí también que nos hicimos mucho daño porque los dos éramos muy inmaduros y eso dañó por completo la relación. Preferimos actuar como niños en lugar de luchar por una relación que realmente no nos interesaba.

Me quedó claro que no fue tanto amor lo que sentí por esa persona, sólo era la comodidad o el placer de saber que alguien se preocupaba por mí.

Ahora he aprendido a trabajar en fortalecer mi autoestima para saber qué cosas debo o no aceptar y también para ser sincera en todo momento. Ya no me quedo callada por miedo a que el otro se enoje, claro, siempre respetándolo y respetando su forma de pensar y ser.

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