Cosas que aprendí de mi mamá y entendí hasta que fui adulta

De niños, nuestra madres no se cansan de enseñarnos y de prepararnos para el futuro. Luego de cada lección asentíamos aunque no siempre entendiéramos lo que pretendía. Muchas cosas que aprendí de mi mamá no las entendí hasta que fui adulta. Quizá te sucedió igual y hasta que creciste que te diste cuenta del gran valor de sus enseñanzas. Y también de la enorme influencia que ha sido en tu existencia.

Varias han sido las lecciones que aprendí de mi mamá. Quiero compartirlas no solo por su utilidad, sino por darle reconocimiento a su intuición, a su perspicacia y a su sabiduría. Es cierto: las mamás lo saben todo sobre tus hijos. Advierten sus estados de ánimo, conocen su modo de pensar y de actuar. Tienen algo así como un superpoder. Cosa de mamás. Esto es lo que aprendí de mi mamá; chécalo y dime si a ti también te enseñaron lo mismo.

1 Las mujeres podemos ser independientes

Ella sabía que las mujeres podemos valernos por nosotras mismas. Estaba muy consciente de que no depender de alguien te da una gran confianza en ti misma. Entonces me enseñó a ahorrar para no tener que estirar la mano para recibir algo. Ser independiente económicamente te hace sentir liberada, capaz de enfrentar cualquier obstáculo y de alcanzar cualquier meta. Te permite toma tus propias decisiones sin consultar con nadie más.

2 Que la práctica hace al maestro

“Nada está terminado hasta que termina bien”, decía mi abuelita a mi mamá. Ella me decía a mí: “Si no te salió bien, empieza de nuevo; es cuestión de práctica”. Tenía razón: la repetición da lugar a la perfección. Cada vez lo haces mejor. Cualquiera que se la actividad de que se trate, entre más veces la realices, los resultados serán superiores. Rendirse no estaba en su libro; me enseñó a no desistir.

3 Puedes ser quien tú quieras

Sin importar qué tan extravagante fuera mi sueño, siempre me impulsó a perseguirlo. Me enseñó que alcanzar una meta solo depende del esfuerzo propio. Y siempre conté con su apoyo. Cuando soñé en convertirme en chef, me compró mi primer libro de cocina y me enseñó a preparar galletas. No había nada que no pudiera ser. Si te sucedió igual, seguro sabes que ser quien tú quieras es cuestión de talento, capacidad, destreza y empeño; de comprometerse y esforzarse.

4 Creer en lo que te dicen tus hijos

Dicen que los niños siempre dicen la verdad. Por increíble y fantástica que pueda parecer la afirmación de un niño, siempre tiene una base de certeza. Así que aprendí de mi mamá a no poner en duda su palabra. Si algo de lo que dice tu pequeño te parece irreal, más vale averiguar qué es lo que hay detrás. Tus hijos siempre acudirán a ti en primer lugar porque se sienten seguros a tu lado. Tienen absoluta confianza en que vas a solucionar sus inquietudes.

5 A ponerme en los zapatos de alguien más

“No juzgues a la ligera, nunca sabes cuál es la historia de esa persona”, mi madre siempre repetía. Afirmaba que cada cabeza es un mundo y que seguramente cada persona tenía sus razones para actuar como lo hacía. Así pues, aprendí de mi mamá a ser empática; a tratar de comprender en lugar de juzgar. Por muy ilógicas que te parezcan las decisiones de ese ser querido, quizá valdría la pena pensarlo dos veces antes de expresar tu desacuerdo.

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