Confié en mi compadre y me dejó sin mi patrimonio

Soy una señora adulta que en algún momento pensó que en este punto de la vida, nada sería complicado. Tengo una familia, pero esperaba que en cuanto mis hijos crecieran, podría continuar mi vida teniendo un patrimonio. Lo malo fue creer en un compadre que fue bueno para engatusarme con sus palabras, para luego desaparecer y dejarme en claro que me había dejado sin nada.

El valor de la familia

Tal vez te preguntes cómo es posible que yo creyera en mi compadre. Para la edad que tengo y la época en que fui criada, si algo tenía un valor inquebrantable era la familia. No solo mamá y papá, sino los abuelos, tíos, padrinos y compadres. Así lo vi con mis padres y fue el aprendizaje que yo tuve. Por ende, cuando crecí y me casé, la relación que mi esposo y yo teníamos con nuestros compadres era muy fuerte.

Éramos muy unidos

Cada vez que mi esposo y yo teníamos una fiesta, ellos no podían faltar. Siempre estábamos presentes en nuestras reuniones. Nos teníamos tanta confianza que podíamos encargar a nuestros hijos con los otros sin temor alguno. Así fue durante muchos años. Luego de un tiempo ya de conocernos, la comadre dejó al compadre, pero nunca entendimos por qué lo hizo. Ninguno hablaba de ello. Los veíamos por separado, pero jamás quisieron decirnos qué estaba pasando.

Él nos engañó

En una reunión, el compadre nos dijo a mi marido y a mí, que estaba vendiendo la propiedad en la que había vivido con su esposa. Nosotros no quisimos preguntar más, pero nos interesó la gran oferta que hizo. Él nos dijo que podíamos quedarnos con la casa y pagarle poco a poco. Nunca hablamos de papeles ni nada, pues él nos aseguró que no era necesario. Ellos no tenían hijos y creímos que no sería impedimento alguno. Sin embargo, jamás imaginamos que eso sería nuestra perdición.

Adiós, patrimonio

Como nosotros no teníamos casa, nos hizo mucha ilusión tener algo propio. Él nos dio tantas facilidades para pagar, que no nos preocupamos. Fue así por más de veinte años, hasta que él desapareció. Dejamos de tener contacto con él, pero no sabíamos qué había pasado. Luego de unos meses, nos hablaron para decirnos que tenían que embargar la casa. El famoso compadre había hipotecado la casa para pagar deudas y no pagó la hipoteca. Lo malo fue que como los papeles estaban a su nombre y a nosotros no nos había dejado nada como respaldo de que la casa ya no era suya… ¡Pf! Tuve que ver como desaparecía mi patrimonio en un abrir y cerrar de ojos.

Una lección de vida

Hasta el día de hoy, hay quien me dice que fuimos muy ingenuos en creer solo en la palabra de alguien. En asuntos legales siempre es mejor tener como respaldo un papel. Ahora, tengo que pagar renta porque me he quedado sin la casa en la que viví por más de diez años.

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