Cómo es vivir en un matrimonio codependiente

Mi primer matrimonio codependiente fue un ejercicio de suplicio de nueve años. Y vaya que no fue nada a la ligera. Nos sumergimos de pies a cabeza en el control mutuo para satisfacer una necesidad que no tenía limites. Me hubiera gustado saber desde el primer día que el paso del tiempo nos llevaría a un innegable fracaso.

Mi marido y yo éramos amigos

Mi marido y yo nos casamos después de ser aamigos durante años t salir juntos solo tres meses. Sí, solo tres meses. En aquel entonces solo tenía 20 años. Acababa de dejar una relación tóxica que me dejo emocionalmente agotada y muy frágil. Mi marido acababa de perder a su padre y necesitaba apoyo emocional. En pocas palabras éramos algo así, como mercancía dañada. Naturalmente nos aferramos el uno al otro. En una decisión unánime de tener una mejor vida, asumimos que éramos todo lo que necesitábamos. En ese tiempo nos sentíamos demasiado conectados.

¿Qué podría ser más romántico que necesitarse desesperadamente el uno al otro y estar juntos todos los días, todas las noches?

No sé cuándo ese romance se volvió feo. Sé que después de un tiempo sentí claustrofobia y no supe cómo manejarlo. Las reglas de nuestro matrimonio eran un tanto asfixiantes. No se nos permitía pasar la noche separados. No a los viajes nocturnos solos, no a ir a casa de las amigas a echar el trago, super no a ir al gimnasio solos, vaya ni siquiera íbamos solos a visitar a nuestras familias.

Nunca se permitió distanciarnos de las peleas; las peleas solo tenían que continuar, a menudo hasta el amanecer, derribo, arrastre, batallas emocionales completas que nunca parecían terminar. Forzamos todo lo que pudimos para hacer que nuestra unión durara.

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Las peleas se convirtieron en guerras

Literalmente era como estar en un campo minado, en el que el resentimiento se volvía cada vez mayor. Con sus días buenos y sus días malos pasaron nueve años. Las típicas peleas por dinero eran el menor de nuestros problemas. La paranoia por la infidelidad y el enfrentamiento de dos personas que ya no sabían quienes eran el uno sin el otro. El día que le pedí el divorcio pro primera vez fue un infierno, pero después de 4 años de estar en constantes peleas. Llego el día en que él lo aceptó, ya no podíamos dar mucho más de lo que ya habíamos dado.

Al principio, pensé que era un puñetazo que me dejó sin aliento, pero fue más como quitarme un corsé que había estado usando durante años: finalmente pude respirar de verdad. Era inestable e inseguro, pero era algo.

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Llego el divorcio

Tenía 29 años, divorciada y exhausta. Después de salir de un matrimonio codependiente, la catástrofe disfuncional en la que habíamos caído. Se cumplieron todas las solicitudes razonables y nos alejamos amistosamente. Y ahí fue cuando todo cambió. Comencé a vivir sola, siempre envidie a mis amigas viviendo en sus propios departamentos. Simplemente sentía que era algo fuera de mi alcance. Pero derepente tenía una casa para mi sola, dos gatos que alimentar y la libertar de ir al super mercado sin preguntarle a nadie.

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Fue liberador pero a la vez estaba aterrada. No sabía si podría mantenerme o protegerme o incluso funcionar por mi cuenta.

fue todo un proceso del que me fui liberando día con día. A veces no sabía muy bien lo que hacía. Salir de una relación codependiente es para valientes. Con eso me quedo. Durante varios meses salí con un par de chicos, y si te soy sincera el día de hoy no tengo ganas de volver a comprometerme. Es algo en lo que debo trabajar. Pues entrar a otra relación con los ojos vendados es algo que no volveré a hacer.

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