Cómo dejé de ser una mujer celosa: fue algo extraño

Hace mucho tiempo que los celos no invaden mi cerebro ni mi corazón. Esta es la historia de por qué los extremos nunca te llevan a nada bueno. De ser una chica super celosa, pasé a ser la chica más relajada de toda la historia y de paso me llevé mi relación entre las patas.

Ni es bueno celar ni tampoco no hacerlo

Hubo un momento en mi vida en que fui la chica más celosa de esta vida. Ya sabes, la que hace berrinche, quiere ver el celular de su pareja cueste lo que cueste y también la que sospechaba de todas las mujeres que estaban alrededor de mi novio. Todas las chicas que pasaban por delante de mi chico eran consideradas enemigas mortales. Y si mi novio se atrevía siquiera a mirarlas, le hacía un “pancho” marca diablo; quítate que hay te voy. La verdad es que esa ha sido una de mis peores facetas.

Entonces maduré un poquito

Me di cuenta de que tantos “panchos” iban a alejarme de la persona que amaba y decidí tranquilizarme. Dejé de ver a las demás mujeres como enemigas, aunque me costo muchísimo trabajo. Mi autoestima estaba por los suelos y necesitaba hacer algo al respecto. Me di cuenta de que la única cosa por la que me sentía celosa de todas esas chicas era porque no me sentía bonita. Fue un proceso muy tardado, en realidad tortuoso.

Me mejoré a mí misma

¿Cómo lo hice? En realidad fueron varias cosas que te quisiera recalcar:

  • La primera fue verme en un espejo mucho más grande que el físico. Todas sabemos cómo sacarnos partido y ese no es el problema. El verdadero problema reside en pensar que debemos ser suficiente para la persona amada. Cuando solo tienes que ser suficiente para ti misma.
  • Encontré una forma de amar que no había encontrado antes. Una en la que no tienes que exigirle nada más a mi pareja. La encontré cuando él me hizo sentir segura y amada. Fue como magia, pues después de tener una plática muy seria respecto a los celos, me di cuenta de que si quería conservar a mi pareja debía dejar de ser tan absorbente.
  • Al principio, me obligué a no demostrar celos cuando mi novio veía pacientes mujeres. Traté de entrenar mi mente al respecto. Me consolaba a mí misma diciendo que él no me tenía en su vida solo por tenerme. Pasé un tiempo haciendo este ejercicio cada vez que estábamos en una fiesta o sabía que estaba en el consultorio atendiendo.
  • Después de un tiempo se convirtió en un hábito muy natural, pero después…

Exageré

Todo iba excelente, me sentía mejor no encelándome por cada mujer que entraba en la vida de mi novio. Claro que estoy hablando de pacientes que veía una vez cuando se enfermaban y quizás una que otra conocida o amiga no tan cercana. Decidí ser una mujer super light. Entonces dejé de ponerle pequeños límites a mi novio y eso se convirtió en un verdadero problema.

De los celos a la indiferencia

Sí, tengo que confesar que me pasé de la raya. Entonces mi autocontrol pasó a completa indiferencia. No te voy a mentir, tuvimos problemas durante esta etapa. Estoy convencida de que no solo fue mi autocontrol el que acabó con mi relación. Existieron eventos alrededor que hicieron que me convirtiera en una mujer completamente indiferente con él. Así que no importaba que mujer se le acercará o por qué motivo, yo ya no me alarmaba ante nada. De hecho, hubo un momento en nuestra relación en que me di cuenta de que tener celos no es saludable, pero no tenerlos tampoco lo es. Cuando dejé de sentir celos por completo, había perdido el interés en mi pareja.

El entrenamiento mental no acabó con mi atracción

Claro que no fue mi consuelo mental lo que acabó con la atracción. No estoy diciendo que dejar de sentir celos sea malo, más bien quiero que vislumbre esa delgada línea entre la relación sana y la que pasó a ser historia. Tener celos es algo natural y estoy segura que hasta en las relaciones maduras y matrimonios existen. Tener cierta cantidad de celos nos ayuda a detectar la atracción que tenemos por nuestra pareja. Ni muy muy ni tan tan; siempre hay límites para los celos.

Presta atención a los estímulos dentro de tu relación. No olvides que una relación sana se basa en límites para ambas personas y también en un poco de fe. De eso se trata una relación: confianza y fe en el amor que se tienen mutuamente.

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