Cómo dejar de ser la chica que da de más en todas sus relaciones

Ayudar a las personas nunca me ha costado trabajo.  Sin embargo, hay ocasiones en que he pasado de ser la madre Teresa de Calcuta en persona, a ser la chica de la que todos abusan. “Eres demasiado linda” es la frase que escucho a menudo cuando se refieren a mí. La verdad es que después de un tiempo, ser linda para mí ya no era algo agradable.

Tenía que encontrar la forma de poner límites

No recuerdo haber recibido consejos sobre cómo poner límites cuando era niña. Me veía obligada a saludar a toda persona que se me acercara. Los límites no formaban parte de mi vida cotidiana cuando era niña, y fue así como comenzó mi vida altruista. Ayudaba a mis amigas a mejorar su tarea, compartía mis colores en clase de arte y volvía a casa con solo tres lápices. Crecí y fui empeorando poco a poco, pues cada vez se volvía más y más difícil negarme. Siendo adolescente tuve muchas amigas abusivas en muchos aspectos. Tuve problemas al prestar dinero y también para decir “no”. Tenía que encontrar una forma de poner mis propios límites.

Ayuda para fomentar la responsabilidad, no al revés

Cuando ayudas a alguien, muchas veces, lo haces con todo el amor y la disposición del mundo. Sin embargo, la persona puede caer en la irresponsabilidad, la incompetencia y la codependencia. Prestarle dinero, recursos o incluso darle ideas a las personas a veces no es lo mejor que puedes hacer. De esto me di cuenta en la universidad. Yo tenía una amiga que sinceramente estaba equivocada de carrera, por ende sus trabajos eran más que deficientes. Al principio se me hizo buena idea ayudarla con ideas y dándole un poco de mi creatividad. Pensé que esto la incentivaría; pero eso no fue lo que paso. En cambio, pasé dos semestres viendo cómo mis ideas se convertían en sus éxitos. Esta chica claramente me dejó de hablar cuando deje de darle ideas.

No permitas que tu ayuda estanque a las demás personas

Es muy sencillo decirle a tu amiga: “no te preocupes, yo te ayudo con la tarea”. O te parece fácil decirle a los demás: “Tranquilos, yo acabo la presentación de mañana”. Cuando menos lo esperas te encuentras en un tobogán de responsabilidades no pedidas. Lo peor es que evitas que las personas a tu alrededor se hagan cargo de sus responsabilidades, así como que desarrollen por sí mismas nuevos aprendizajes y estrategias.

 

Deja de sentirte culpable por decir que no

Especialmente cuando hay personas que ya te han tomado la medida. Estas personas suelen manipular a las más débiles porque saben que no les van a dar un “no” por respuesta. Aprender a decir que no, es difícil cuando toda tu vida le has dicho que sí a todo. Debes aprender a dejar de sentirte incómoda por la palabra. Acepta que no puedes cargar más que con tus problemas, tu trabajo y tus responsabilidades. Ser la chica que da de más en todas sus relaciones se vuelve algo agotador. Así que la próxima vez que alguien se te acerque a pedirte un favor con el que no te sientas a gusto, recuerda que no estás comprometida a nada con esa persona. Si vas a desvivirte por alguien, espero que esa seas tú.

La chica que da de más, nunca se queda con nada

Es claro que puedes intentar brindarle tu mano a cuanta persona se te aparezca en el camino. Pero, ¿sabes algo?, no eres la salvadora de nadie y eso tienes que dejarlo muy claro en tu mente todos los días. Con esto no estoy diciéndote que dejes de ayudar a las personas. Simplemente me gustaría que la próxima vez que te encuentres ante una decisión en la cual sales perdiendo por ayudar a alguien, te des la vuelta y reflexiones si realmente va a valer la pena.

Si ayudas, procura que sea para que las demás personas crezcan, no para que se cuelguen de ti. Si vas a prestar dinero, mejor que sea para emprender un negocio no para pagar una deuda. Además, si quieres ayudar a que alguien salga adelante, sé una buena escucha, pero no te guardes los problemas de otras personas. Y, sobre todo, aprende a cuidar de ti misma, porque si tú no lo haces, ninguna otra persona lo hará.

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