Cómo dejar de complacer a las personas que nos rodean; ¡ya me harté!

Te pasas la vida pensando cómo agradar a las personas. Todos los días procuras ser agradable y complacer con palabras y acciones a quienes te rodean. Es simplemente agotador, degradante y muy poco gratificante. Lamentablemente, muchas de nosotras fuimos entrenadas para hacer precisamente eso.

Educada para complacer

Confieso ser una chica educada por la corriente “tienes que”. Eso implica: saludar a la tía, ser amable aunque te estén atacando, atender a quien se ponga enfrente. Sí, seguramente no fue ni seré la única. Afortunadamente conforme han pasado los años he encontrado 4 trucos para dejar de ser una persona complaciente. El empoderamiento comienza con la confianza en ti misma, después de abrazarte a ti misma te aseguro que no volverás a ser la chica complaciente nunca más.

Di “no”

Decirle que no a las demás personas es completamente liberador. Con el tiempo, comprendí que la verdadera libertad está en no hacer lo que no deseas. Cuando eres capaz de decirle que no a las cosas y las personas que te incomodan, te quitas esa cadena de complacencia ante los demás. Hoy, me apetece decirle que no a las personas cuando estoy harta o no quiero hacer lo que me piden. Da lo mismo si la persona que te lo pide es tu jefe, tu madre o tu pareja. Hay que tomar la decisión de lo que quieres y no hacer.

Aprendí a dejar de ser desidiosa

Recuerdo perfecto cuando en el pasado mi ex novio me preguntaba exasperado: ¿qué quieres comer? Mi respuesta era siempre la misma: “Lo que tú quieras”. En realidad no es que quisiera complacerlo al 100% , la verdad es que no era capaz de tomar mis propias decisiones. Una parte super importante de no volver a complacer a los demás es tomar decisiones por ti misma. Dile sí a decir lo que estás pensando y lo que estás sintiendo. Va a cambiarte la vida.

También le dije adiós a todas las relaciones tóxicas

Cuando complaces a los demás sueles atraer a un montón de gente tóxica. Se aprovechan de ti, te hacen sufrir y al final la única que paga los platos rotos eres tú. Si sueles complacer a los hombres con los que sales, te aseguro que muy pocos te toman realmente en serio. Cuando decidí dejar de complacer a los demás, saqué de mi vida todas esas relaciones destructivas que no aportaban nada a mi vida. Le dije adiós a las personas que no me valoraban, y decidí quedarme con los pocos amigos que siempre me han apoyado.

Aprendí a estar conmigo misma

Parte de la complacencia que viví toda mi vida, fue a causa de mis inseguridades. Estar sola no era algo que pudiese hacer fácilmente. De hecho, muchas veces acepté andar con chicos que no me gustaban ni tantito solo por que me lo pedían. A ese grado de complacencia llegué. Así que aprendí a valorar mis deseos y a estar conmigo misma. Me conocí poco a poquito y cada día cuando me dan ganas de decirle que sí a las personas solo por quedar bien, me detengo y pienso: ¿qué gano yo con eso?

 

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