Codependencia: fui codependiente y aprendí que aunque haya amor también hay un límite

¿Alguna vez has tenido una relación codependiente? Yo sí. Lo peor del caso es que solo hasta que terminó pude darme cuenta de lo mal que estaba en mi relación. La codependencia siempre es de dos. Las parejas que la sufren se dan cuerda el uno al otro. Claro que existen distintos grados de codependencia. Finalmente, aunque la mía no era tan grave, hoy me doy cuenta de lo afortunada que soy al haber salido de la misma.

La relación sana que resultó no serlo

¿Sabes? A veces cuando buscas respuestas, la vida te las pone enfrente sin que te percates de ello. Después de mucho tiempo logras asimilar la realidad. Y si bien el sentimiento resulta abrumador, la realidad es que siempre lo supiste, solo no querías darte cuenta. Cuando terminó mi relación pasada, la ira que me invadía era tal, que comencé a sentir dolores de pecho muy brutales. Obviamente corrí al médico sin resultado, pues lo que tenía no era algo físico solo algo emocional. Después de que mi duelo pasó y poco a poco comencé a recuperarme, traté de entender la razón de mi ruptura. Verás, yo siempre le di todo a esta personita… De hecho, el día de hoy acepto que le di demasiado.

El problema que no era mío

Mi relación nunca fue una de esas tóxicas en las que uno vivía encima del otro. De hecho, llevábamos una relación bastante normal y sana. Sin embargo, yo comencé a adoptar actitudes que, a la larga, se convirtieron en un verdadero problema. En algún momento de mi relación, mi pareja sufrió de muchos problemas económicos. Yo, como toda buena novia, me di a la tarea de apoyarlo y ayudarlo en lo que se pudiera. Sin embargo, al paso del tiempo los problemas económicos se convirtieron en un problema de rumbo. Realmente pasé años con una persona que sabía lo que quería, pero no encontraba cómo hacerlo. Después de tres años en un vaivén de altas y muy bajas, mi relación se encontraba muy desgastada. En todo este tiempo yo apoyé de forma incondicional a mi pareja. No obstante, en este momento acepto que hice demasiado.

La mujer que amó demasiado

Dediqué tiempo de más a mi pareja. Aunque no nos veíamos todo el tiempo, yo siempre daba de más en todo. Mi pareja pasó de ser el hombre que iba a visitarme a casa con una sorpresa en mano, al que me esperaba en la comodidad de su casa sin siquiera salir a recibirme a la esquina. Pasó del hombre guapo que planchaba su ropa para verme, al chico que ni siquiera se lavaba la cara cuando yo iba a su casa.

Por si fuera poco, en esos últimos años comencé a sentirme terriblemente perdida. Pues como yo imaginaba una vida con él intentaba crear una “estabilidad para ambos”. Realmente nunca la logré, pues a pesar de que me esforcé tanto por conservar una relación sana me extralimité en ayudarle. Al final, el hombre del que yo me enamoré  ya no existía. En cambio solo quedé yo, una mujer sumamente confundida, pues en los últimos años solo había contribuido a la felicidad de mi pareja, nunca de la mía.

Entonces un buen día

Mi relación terminó. No te voy a decir que fue lo mejor que me haya pasado. En realidad yo amo mucho a este hombre y fue un gran golpe para mí. Después de que las lágrimas se secaron y comencé a mirar a mi alrededor, vi la vida tan abandonada que había dejado por años. Sentí días de tranquilidad.

Si tú nunca has estado en una relación de codependencia no lo sabes, pero haces LOCURAS muy grandes al grado de quedar en ridículo. Te matas llegando de un lado al otro de la ciudad para ver a la persona cinco minutos esperando que él lo agradezca. Y no debería ser así. Estar en la buenas y en las malas no significa entregar todo tu ser a la otra persona porque al final te quedas sin nada. La tranquilidad llegó a mi vida, pues dejé de preocuparme por la seguridad, la carrera y la vida de otra persona.

Así que me empecé a ver a mí misma de nuevo

Verás, estuve años preocupándome tanto por el futuro con mi pareja, que dejé de pensar en mí misma. Al final, me perdí de una forma tan brutal, que ya no me sentía como yo. Dejé mis pasiones de lado, mis planes, mis sueños y comencé a resignarme de nunca lograr mis objetivos, porque estaba centrada en ayudarlo a él con los suyos. La codependencia no solo viene en las situaciones más feas en las que vives encima de tu pareja, también se da cuando le das la brújula de tu vida al otro. Así que comencé de nuevo. La ira que me invadió los meses siguientes a mi ruptura afortunadamente fue disminuyendo. Comprendí que di de más en todo aspecto de mi relación y el día de hoy no estoy dispuesta a hacerlo de nuevo.

Claro que esto no quiere decir que le diga bye al amor. En algún momento estoy segura de que alguien nuevo aparecerá. Mi próxima relación será mucho mejor, pues con cada tropezón que das en la vida hay una lección. Yo decido aprender y dejar de culparme por los errores que he cometido. Para mí la vida se trata de avanzar hacia la felicidad.

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