Cegarme por amor fue lo peor que pude haber hecho

El amor es uno de los sentimientos más puros que existen, pero a veces lo echamos a perder. Nos guste o no, desde pequeños venimos arrastrando muchas cosas que vemos y aprendemos y eso puede afectar una relación amorosa. Lo malo, es que en la mayoría de casos no nos damos cuenta o a pesar de hacerlo, preferimos no hacer nada al respecto. Cegarme por amor fue malo, pues al hacerlo casi me destruyó a mí misma porque yo lo permití. En el momento no me daba cuenta de nada, o tal vez sí, pero no hacía algo para solucionar la situación. Solo me dejaba llevar con todo, pero no hacía nada por mejorar o detener el problema. Ahora sé que permitir eso pudo terminar con mi vida, pero por fortuna (aunque el problema era bastante grande) decidí tomar cartas en el asunto y aquí me tienen hoy. Cuento mi experiencia para que sepas que no estás sola, no eres la única que está viviendo algo complicado en su relación. Sólo te pido que seas muy honesta contigo, para que no llegues al extremo que yo tuve que pisar para tomar cartas en el asunto.

Él, sólo él

Lo amaba más que a cualquier otra persona en todo el mundo. Era mi vida. Me sentía feliz cuando estaba a su lado. Mis ojos se iluminaban y yo irradiaba cuando sabía que iba a verlo o estaba con él. Recuerdo que antes de él hubieron otros chicos, pero ninguno me había hecho sentir de esa manera. Sentía que me complementaba, la pasión y química que había entre nosotros era increíble. Incluso sin mediar palabras nos decíamos todo. Llegamos a conocernos de tal forma, que sabíamos lo más íntimo el uno del otro. Pasábamos mucho tiempo juntos y cada minuto valía la pena al máximo. El único problema fue que le di todo lo que tenía y si no lo tenía yo veía la forma de conseguirlo con tal de verlo feliz. Al principio él se mostraba feliz y yo creía que sí lo era. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, dejé de verlo así. Ya no era como al principio, a veces se quejaba. Decía que nadie lo quería o que no tenía lo necesario para ser feliz.

¿Y yo qué?

Lo peor fue que incluso estando con él y dándole todo, él se sentía infeliz. A veces era tan grosero conmigo que no entendía por qué si siempre le daba todo para verlo contento. Ya mucho tiempo después entendí que también dar en exceso no es bueno. Había momentos en los que me ignoraba, estaba cuando él quería y no cuando yo lo necesitaba. Si lo invitaba a algún lado, me decía que no podía o que ya tenía planes más importantes para hacer.

No debí cegarme por amor

De manera inconsciente, estaba acostumbrada a cargar con algo que era pesado y no era bueno para mí. Tal vez me daba cuenta, pero no hacía nada por miedo. Sí, ya sé que tal vez digas que cómo fue posible que lo aguantara. Aunque no lo creas, a veces soportamos tanto por costumbre o porque estamos tan mal emocionalmente, que creemos que no podemos encontrar algo mejor. Me costó mucho trabajo, pero después de varios meses decidí alejarme de él. Los primeros meses fueron complicados. Me sentía rara, vacía, sentía que mi vida no tenía sentido. Tal fue el impacto de él en mi vida, que aunque ya no estaba para tratarme mal, me hacía falta. (¡Qué irónico!, ¿no?). Con el paso del tiempo me sentí mejor, me sentía aliviada. Después entendí que por un tiempo el amor cegó mi corazón y nubló mi mente. Dejé de ser yo y me enfoqué en complacer a otro. Aun así, las cosas no estaban nada bien. Amar sin límites me hizo crear un ser “perfecto”, sin defectos. Eso me impidió ver realmente quién y cómo era. Lo idealicé tanto, que daba todo por él, olvidándome por completo de mí. También comprendí que mientras él se sintiera infeliz con su vida, así yo le hubiera dado la mía, no iba a ser suficiente para él. Ahora, después de mucho trabajo para continuar con mi vida, me siento feliz. He aprendido a no juzgar a nadie, al contrario, trato de comprender y apoyar siempre que está en mis manos.

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