Carta para ese bebé que se fue al cielo antes de llegar a mis brazos

Desde hace mucho soñaba con tener un bebé. Supe que quería ser mamá porque mi instinto maternal se despertó cuando cargué al bebé de una amiga muy cercana. Sentir su piel junto a mi pecho fue una sensación que hizo que una luz de esperanza comenzara a latir dentro de mi ser. Luego, comencé a verte en sueños y sabía que desde ahí hablabas conmigo. Pasaron unos años, cuando un día desperté con la mejor noticia que podía pasarme. Habían pasado varias semanas sin que apareciera mi regla, lo cual me hizo pensar en un embarazo. Hice una prueba que más tarde comprobé con la ginecóloga. Deseaba que pasara pronto el tiempo. Solo quería verte llegar a mis brazos…

Todo parecía perfecto

Cuando tu papá y yo supimos de tu presencia en nuestras vidas nos alegraste mucho. Eras esa pieza que nos faltaba para experimentar la felicidad total. Nosotros nos amamos mucho, pero sabíamos que ese amor lo teníamos y debíamos compartir contigo. Eras ese angelito que desde tiempo atrás nos habías hablado de tu llegada. Tu papá y yo habíamos optado por guardar ese secretito hasta ver que ya había pasado el primer trimestre, pues dicen que es el más complicado. Sin embargo, era tanta la emoción que nos invadía, que no podíamos ocultarlo. Al menos fue algo que quisimos compartir con tus abuelos y amigos cercanos, esos que considerábamos tus tíos.

Felicidad compartida

Todas esas personas supieron de tu llegada y se pusieron igual de felices que nosotros. Contábamos los días con mucha emoción. Cada mañana, sabíamos que faltaba un día menos para verte llegar a mis brazos. No había ningún día que fuera malo para nosotros. Al contrario, nos esforzábamos porque todo fuera mejor en cada uno de nosotros y en nuestra vida en general. Queríamos verte llegar a nuestra vida y sabíamos que para ello debíamos prepararnos en todos sentidos. Logramos pasar con mucha emoción el primer trimestre del embarazo. A partir de ese momento creíamos que ya todo estaba librado. Nos sentíamos tan bien de que las cosas marcharan de esa manera.

Que sorpresas te da la vida

Cuando llegaba al sexto mes, ocurrió algo que jamás pasó por mi mente. Tuve una complicación que me hizo poner en riesgo mi salud. Era la semana 21 de mi embarazo, lo recuerdo bien. Esa mañana desperté con un fuerte dolor y sangrado. Tu papá tuvo que correr conmigo a urgencias, no sabíamos qué podía estar mal. Durante el camino, perdí el conocimiento y ya no supe nada más. La doctora le dijo a tu papá que había sufrido un aborto espontáneo y por eso era el sangrado. Yo no lo supe hasta horas después. Cuando la doctora y tu papito me dieron la noticia, sentí que una parte de mí se había ido contigo. Era tan triste saber que no podría besarte o abrazarte como lo hacíamos en mis sueños. Parecía que mi vida había dejado de tener sentido. Fue traumático saber que nunca podrías llegar a mis brazos.

Aprendiendo a no ser egoísta

Sí, tu partida me destrozó, pero también me enseñó a no ser egoísta. Aprendí que la vida debe continuar con o sin dolor. Recuerdo que luego de tu partida, parecía que tu papá y yo (en vez de unirnos más), nos alejábamos en un enorme precipicio. Al menos eso pensaba yo, pues lo veía distante, ido, pero a la vez, viviendo como si no hubiera pasado nada. Luego entendí que la vida sigue y aunque tú no estabas, nosotros teníamos que continuar. A tu papá también le dolió, también había perdido una parte de su vida. Sin embargo, estábamos convencidos de que aunque no estabas físicamente, siempre nos acompañarías en nuestro corazón.

Tuvimos que aprender a dejarte ir, pero ten la convicción de que aunque ya no te lloremos como al principio, siempre serás ese pedazo de nuestro corazón que quedará quebrado. Sabemos que el dolor no se va, sino que aprendemos a vivir con él y canalizarlo de manera positiva para seguir mejorando nuestras vidas. Gracias mi pequeño bebé, gracias por darme la emoción más grande de la vida. Gracias por dejarme hablar contigo en sueños. Te agradezco por haberme elegido como tu mamá. Sé que en algún momento nos volveremos a encontrar, mi pequeño angelito. Siempre te amaré.

Con amor, de aquí hasta el cielo, mamá.

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