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Así es cómo mi hija y yo hablamos de sexualidad…

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Desde que yo era pequeña, me inculcaron la idea de que a las cosas se les debe llamar por su nombre y no por apodos ni nada parecido. Esto lo apliqué tanto para las personas como para las cosas o partes de mi cuerpo. Cuando hablamos de las partes del cuerpo, realmente existe un conflicto y tabú, pero ¿por qué?

La educación sexual está vetada

A pesar de ser una situación normal y natural que todos los seres vivos presentamos, a la sociedad le cuesta mucho hablar de la sexualidad. Desde que era pequeña, recuerdo que mis amigos o compañeros de la escuela, muchas veces se referían a su pene como “pajarito”. No entendí hasta mucho tiempo después por qué era esa comparación. Sin embargo, sucedía lo mismo con las niñas o mujeres que se cruzaban en mi camino. En vez de decir vagina, clítoris o genitales, llamaban a su zona genital “papaya”, “pucha” o “concha”.

La perspectiva cambia

Hace unos años me convertí en mamá y comencé a ver las cosas desde una nueva perspectiva. Realmente es difícil darle la educación correcta a los hijos cuando todo el medio en el que se desenvuelven va en contra de lo que tú te propones. A mí no me espanta decirle a mi hija que tiene vagina, o que yo la tengo, pero a todas las demás personas sí.

Todos se entrometen

En el caso de la educación de mi hija, influyen mucho los dos contextos en los que se desenvuelve. Por un lado está mi familia, en la que me enseñaron a llamar a todo por su verdadero nombre. En el otro extremo está la convivencia con su abuela paterna, asustada por la sexualidad aunque no quiera aceptarlo.

Cómo hablamos de sexualidad ella y yo

En nuestra casa, vivimos sólo ella y yo. Estamos acostumbradas a vernos desnudas. Ella entiende que las dos somos mujeres, aunque no sabe por qué mis pechos son distintos a los de ella. Para empezar, le he dicho que se llaman pechos o senos, no bubis. Es un término coloquial, pero no es el modo correcto de llamarlos. En el caso de la vagina, ella sabe que se llama así, no “cosita”, “tu tesorito” o cualquier apodo parecido. Sin embargo, también le he hablado sobre el cuerpo de los hombres. Sabe que tienen pene y testículos y no le aterra decir ese término cuando tiene alguna duda al respecto. Obviamente a mí tampoco me espanta y por lo tanto no hago caras ni gestos cuando menciona las palabras pene o vagina.

Todo tiene un nombre

Es difícil luchar contra una corriente que se espanta cuando se trata de temas de sexualidad. Sin embargo, no me doy por vencida para mostrarle a mi hija lo que es correcto. Además, sé que entre más le hable a ella de su cuerpo, se aceptará tal cual es. Así, podrá tener claras todas las partes de su cuerpo y sabrá distinguir aquellas en las permita ser tocada o no. Realmente es algo complejo, pero es un aprendizaje que tiene que llevarse día con día sin estigmas, prejuicios o tabúes.


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