Así es como perdí a mi mejor amigo por haber sido su novia

¿Alguna vez has tenido a un mejor amigo y terminan enamorándose? A mí me pasó, decidí darnos una oportunidad de combinar nuestra amistad con el amor y, como no funcionó, perdí a mi mejor amigo en ese intento. Sin embargo, la historia no es tan trágica como parece. Como yo lo veo, esta experiencia me dejó valiosas lecciones de autoconocimiento, lealtad, amistad y amor propio.

 El principio de la relación

Tenía 15 años y acababa de entrar a la preparatoria. Yo asistía de una secundaria donde asistían solamente mujeres, así que no tenía mucha experiencia tratando a hombres de mi edad. Era de esas niñas ñoñas bien portadas, super quietas y aplicadas en la escuela. Era la primera semana de clases y en mi horario estaba marcado: Física, salón F004. Era un aula con mesas de laboratorio escolar y bancos muy altos. El profesor comenzó a presentarse y a dar los lineamientos de evaluación. Media hora después, Perengano, que estaba sentado a mi lado, me preguntó la hora, recuerdo que nos reímos. El profesor nos vio y nos sacó del salón. Así nos conocimos y comenzamos nuestra amistad.

Fortaleciendo la amistad

Perengano era muy gracioso, atento y amable, además, tiene un don para el dibujo. A mí siempre me gustó escribir y soy muy cursi, incluso con mis amistades. Así es que yo siempre le daba cartitas y él me daba dibujitos. Tanto así que llegamos a tener un pequeño baúl repleto de nuestras cursilerías. Él era muy “alocado” y no muy dedicado al estudio, así que pronto formó parte del grupo porril de la preparatoria. Como te dije antes, yo era muy ñoña, así que siempre entraba a clases y, en mis ratos libres, iba a la clase de canto coral o a la biblioteca de la escuela. Quizá por esa diferencia de personalidades nos hicimos tan unidos.

El enamoramiento (de él)

Recuerdo que en esa época acababa de darse a conocer el grupo musical Reik. Un buen día Perengano me dio un papelito que decía: “Escucha la canción Yo quisiera de Reik… Eso es lo que realmente siento por ti…”. Fue así como supe que estaba enamorado de mí. Lamentablemente en ese momento yo solo lo veía como un amigo. Siempre me ha gustado ser sincera, así que hablé con él y le expliqué que no podía corresponderle. Para ese momento ya llevábamos poco más de un año en la prepa. Lo tomó de una manera super madura y seguimos nuestra amistad como si nada. Él comenzó a salir con un chica muy linda y yo empecé mi primera relación en serio. Después yo entré a la universidad y dejé de tener contacto con él (por la distancia y nuestros respectivos noviazgos) por cinco años.

El reencuentro

Luego de haber terminado la licenciatura y de haber estado un año en medio de una relación muy tóxica, yo me encontraba en una tristeza muy profunda. Por varios meses no salí ni hablé con nadie que no fuera mi familia. Había perdido a todas mis amistades e incluso a mí misma. Cuando por fin recuperé mi autoestima, me di a la tarea de recuperar a la gente que quería. Inevitablemente pensé en él. Me di a la tarea de buscarlo por Facebook, lo encontré, le escribí, platicamos un par de semanas y quedamos de vernos para comer. Durante algunas semanas seguimos saliendo y fue como si el tiempo no hubiera pasado. De nuevo éramos los mejores amigos, las mismas personas unidas y cursis de nuestra época adolescente.

De amigos a novios

Tras recuperar nuestra amistad, nos volvimos más unidos que nunca. Hablábamos diariamente y procurábamos vernos muy seguido. Un día salimos a una cafetería que se volvió nuestro “nido de amor” y fue allí que comenzamos a tener una relación romántica. En ese momento yo no lo sabía, pero fue entonces cuando perdí a mi mejor amigo. Al principio él estaba algo inseguro, ya que yo (modestia aparte) tenía varios pretendientes; pero con el pasar de los meses comprendió que mi fidelidad era inquebrantable. Perengano fue el novio perfecto: guapo, trabajador, atento, romántico. Por varios meses nuestra relación era la envidia de todos los que nos conocían. Por supuesto, yo estaba perdidamente enamorada. De pronto todo cambió.

El final de nuestra unión

Cuando entró a un nuevo lugar de trabajo, Perengano cambió totalmente. Pasó de ser el novio perfecto a ser el peor de los patanes: me gritaba, me insultaba e, incluso, creo que me era infiel aunque nunca lo comprobé. No aguanté mucho tiempo esa situación y, luego de una gran discusión en una fiesta de mi familia, terminé con él. Nuestros planes de boda (la cual ya estábamos planeando), la ilusión de una familia juntos y la búsqueda de nuestro hogar se fueron al caño. Ni hablar de la amistad que hubo entre nosotros; él terminó siendo un desconocido para mí.

Me sentí lastimada, no solo por el amor que le tenía, sino porque también perdí a mi mejor amigo: nunca estuve más decepcionada de alguien. Lo peor es que nunca supe cuál fue la causa de su cambio. Actualmente no tenemos ningún contacto y, aunque mucho tiempo lo lamenté, es algo que me enseñó a valorarme más y a poner el amor y la lealtad hacia mí misma, como prioridad siempre.

¿Alguna vez has estado en una situación similar?

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