Así comencé a odiar a mi pareja y él a mí

Desgraciadamente, hay algo peor que terminar con tu pareja: regresar cuando las cosas no están bien. No digo que una relación no pueda estar bien después de una ruptura. Simplemente ambos deben poner de su parte y estar dispuestos a darlo todo de nuevo. Sin embargo, pocas personas lo hacen de verdad. En consecuencia, comienzan a portarse de lo peor. Te lo digo por experiencia. Es más, la situación fue tan difícil que comencé a odiar a mi ex, y él a mí…

Nunca quisimos olvidar las cosas que hicimos mal

Pasaron tantas cosas malas entre nosotros que algo dentro de mí me decía que no saldríamos de esa. Tal como lo pensé, él no me podía perdonar y tampoco quería. Por ello hacia lo posible por hacerme sentir mal y culpable todo el tiempo. Al principio yo lo acepté, pues pensaba que me lo merecía, aunque obvio no era así. En ese momento lo único que quería era que estuviéramos bien y por ello daba todo de mi parte. Desafortunadamente, él no podía y hacía cosas que me era imposible olvidar.

Nos gustaba ver el mundo arder

Pasaron muchos desencuentros que nos causaron dolor hasta que decidimos intentarlo de verdad. No obstante, yo era dinamita y él un niño con fósforos. Parecía que a cada momento quería molestarme o reclamarme algo, pero no lo hacía de forma directa. Solo me lanzaba comentarios fuera de lugar que terminaban por desesperarme. Lo peor es que yo contestaba esas agresiones con cosas más fuertes. Únicamente así dejaba de molestarme y entendía que no debía meterse conmigo. ¿Qué horror, no?

Ya no esperaba nada lindo de su parte

Como habíamos pasado tantos meses malos, ya no esperaba algo lindo de su parte. Inclusive se me hacía raro cuando tenía un detalle bonito conmigo. Sabía de antemano que sin importar el asunto, no podía contar con él, aunque fuera la única persona de mi entera confianza. Sin importar cuánto lo amara, sabía que de su parte hacia mi sólo había rencor.

Todo lo que decía me molestaba

Estaba tan confundida que cada palabra que salía de su boca me producía desesperación. No entendía si era por todo lo que había pasado o realmente yo ya no tenía amor para darle. Sin embargo, esa confusión nunca fue una excusa para tratarlo mal, simplemente estaba más callada de lo normal. Obviamente él se daba cuenta y me lo reclamaba, y era un cuento de nunca acabar.

Me la pasaba mejor sin él

Otra de las peores cosas era que me la pasaba mejor sin él, pues cuando salíamos juntos me sentía rara. Ya no podía ser yo ni mucho menos sentirme libre. Por ello prefería salir con mis amigos y pasarla bien; sin embargo, en el momento en que más feliz me sentía, pensaba en él y extrañaba cómo era antes. Eso solo me hizo darme cuenta de que me estaba dejando llevar por todas las cosas malas que sentía. Así como en un momento él se dejó llevar por su enojo, yo lo hacía por mi orgullo y, de seguir así, las cosas terminarían mal.

¿Has estado en una situación similar?

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