Así cambia tu vida cuando tienes un gato en casa

Hasta hace un año yo no sabía lo que era tener un gato en casa. Debo reconocer que antes de que esa pequeña bola de pelos llegara a mi vida, los gatos me parecían un tanto desagradables. Luego de que llegó, mi vida dio un giro enorme, pero la verdad no me arrepiento de ello.

Cuando tienes un gato en casa…

El gatito llegó a mi vida porque una señora había rescatado a una mamá gata con sus retoños. Ella ofrecía a los gatitos con la única condición de que las personas que los eligieran se hicieran de verdad responsables de ellos. Eso implicaba esterilizarlos, llevarlos al médico y lo más importante: darles mucho amor. Una vez que nos decidimos a elegir a uno de los gatitos, ella lo llevó para poder asegurarse de que quedaba en buenas manos. (Entendible, luego de llevar más de dos décadas rescatando gatitos abandonados). Estábamos tan emocionadas por su llegada, que desde días antes ya teníamos todo listo. Una vez que llegó a casa comenzó la nueva aventura.

Timidez total

Los primeros días el gatito se sentía extraño y pasaba ratos escondido. Hablé con la señora para preguntarle si algo pasaba. Me explicó que era normal y que dejara que pasaran unos días para que se familiarizara con el entorno. Y así fue, luego de unos días, el pequeño ya se sentía dueño del hogar.

La hora de comer

Antes de tener un gato en casa, podía dejar por horas los alimentos en la mesa. Si terminaba de preparar sopa, podía quedarse la cacerola sobre la estufa hasta que se enfriara y sabía que al volver, la sopa seguiría ahí. Una vez que llegó el minino, todo debe permanecer guardado, casi bajo llave. Nada puede quedarse ahí, a su alcance. A menos que fuera algo que no le gusta. Porque hasta para eso es especial.

Ida al baño

Cuando no había gato en casa, la puerta del baño podía quedarse cerrada o abierta y no pasaba nada. Al bañarme, sabía que nada arruinaría mi tranquilidad. Luego de que llegó el minino, recuerdo que el primer susto que me dio fue en la regadera. Me bañaba tranquilamente, cuando de repente sentí que alguien me agarraba la pierna. En ese momento tenía los ojos cerrados y me asusté horrible. Peor aún porque estaba sola en casa. También me ha tocado ver que cuando tiene mucho calor, va y se mete en el lavabo.

Noches de terror

Antes de tener gato, en época de calor, podía dormir sin sábanas y no había ningún problema. Incluso mis pies podían colgar de la cama y todo estaba bien. Una vez que llegó el gatito, comprendí que mis pies tenían que permanecer cubiertos bajo las sábanas. Si no lo hacía, quedaban expuestos a sus pequeñas y filosas garras.

Caricias con terribles consecuencias

Cuando no tenía compañía gatuna, tal vez pasaba momentos de más paz. Podía ver la tele sin que nadie me molestara. Sin embargo, luego de que el pequeño llegó a mi casa me engañaba de una forma vil. Deja que lo acaricie, pero cuando creo que he triunfado, me sorprende con mordidas en mis manos y mis brazos. Creo que todos los rasguños que evité toda mi vida, los he conseguido en un año.

Casa ¿impecable?

Debo reconocer que antes de que el minino llegara a mi casa, mi casa estaba más limpia. No había pelos en los sillones, no olía a comida para gato y en el lavabo no había manchas de diminutas patitas. Sin embargo, con un gato en casa comprendí algo. Los gatos son fantásticos. Podrán llenar de pelos tu casa, pero su compañía es increíble. Tienes un amigo que aunque sólo maulla, está a tu lado si te sientes mal. Si algo te duele o te sientes triste, sus ronroneos son mágicos.

¿Sabes de lo que hablo, verdad?

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