Así aprendí a amar mi cuerpo

En general todo el mundo te dice que debes amarte tal y como eres. Sin embargo, te “recomiendan” miles de formas para disimular tus defectos corporales. Así mismo, expresan que la liberación femenina es necesaria, pero nos siguen imponiendo estándares de belleza e hipersexualización inimaginables. En este sentido, cada día debemos luchar con ellos y aprender a aceptarnos. Yo aprendí a liberarme de todos ellos de esta manera.

Los “defectos” de mi cuerpo

Desde pequeña concentré toda mi atención en distintos aspectos, como la lectura, la naturaleza y las aventuras. Jamás me sentí muy atraída por el mundo de la belleza. Esto era normal, ya que a esa edad estás más concentrada en explorar y aprender del mundo que en cualquier otra cosa. Sin embargo, con el paso de los años fui creciendo y comencé a conocer algunos estándares de belleza. Cuando entré a la secundaria experimenté el bullying en todas sus formas y desde diversos aspectos. Siempre he sido muy delgada, por tanto, mi cuerpo no es tan curvilíneo y yo nunca pensé que eso fuera malo o bueno. Simplemente se trataba de la complexión de mi cuerpo. Sin embargo, muchas de mis compañeras me hacían burla por tener el busto pequeño y las caderas angostas.

Pero eso no terminó allí…

Durante la preparatoria conocí a personas realmente agradables y poco tuve que lidiar con quienes no lo eran. Sin embargo, pasó lo impensable durante la universidad. Algunas compañeras de clase e incluso amigas siempre me molestaban por mi figura esbelta. Recuerdo muy bien cuando una de ellas me dijo que hiciera un esfuerzo refiriéndose a que mi busto era muy pequeño. Tampoco podré olvidar el día que usé un vestido blanco que me gusta mucho. Este es un poco entallado por tanto, me veía un poco más curvy. Esto lo notó un compañero que expresó: “Al menos ahora sí lo llenas”. Estas frases más que hacerme sentir mal, me hacían darme cuenta de que algo estaba mal.

Caí un poco en sus mentiras

Tras un tiempo de escuchar las mismas tonterías, comencé a creerlas. Me sentía fea, inconforme con mi cuerpo y siempre buscaba la forma de cambiar mi aspecto. Hacía mucho ejercicio, comía poco y usaba brasieres push up con el fin de encajar en el modelo del cuerpo perfecto. Afortunadamente aprendí a soltar cada una de esas mentiras.

 Cómo aprendí a amarme incondicionalmente

Para olvidar cada una de esas mentiras me bastaba con recordar que mi cuerpo es maravilloso en sí mismo. Él me permitía conocer, explorar y experimentar cada sensación del mundo. Por tanto, merecía mi respeto y amor incondicional. Mi cuerpo era hermoso sin importar sus dimensiones o curvaturas. También recordé que esas expectativas de belleza son más dañinas que beneficiosas y por ello debía ignorarlas. Además, aprendí que estaba bien arreglarme, maquillarme y cambiar de estilo, sólo si eso me hacia sentir mejor y más linda. En ese sentido todos los cambios que hiciera debían partir de la aceptación y respeto hacia mí.

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