Aprendiendo a no mendigar nada, ni siquiera amor

Recuerdo que cuando era chiquita, mi abuelita siempre me decía que no tenía que rogarle a nadie jamás. Ya fuera por atención, amor o cualquier otra situación, es mejor no mendigar nada. Parece algo gracioso, pero la verdad es que conforme fui creciendo, comprendí que mi abuelita tenía mucha razón. Mendigar es rogar a otros para que te den lo que tú necesitas, pero ellos no te lo dan porque les nazca; sino porque tú eres quien lo está pidiendo. Eso no está nada cool, ¿verdad?

Tu vida no depende de nadie

La primera vez que me enamoré, estuvo padre aunque yo no sabía mucho de la vida. Era una mocosa puberta empezando a experimentar la vida. Debo reconocer que el chico me gustaba, sí, pero no había un sentimiento desbordante hacia él. La pasábamos bien y todo era divertido en compañía. Luego llegó el segundo amor, ¡pffff! Jamás imaginé que sería mi perdición. Con ese amor sí que me volví loca y por desgracia ahí perdí un poco la noción de mí. Ese chico a veces no tenía tiempo para mí, o al menos era lo que me decía. Yo, con tal de pasar tiempo con él, sacrifiqué mis actividades, mi tiempo y a mi familia. ¡Ya sé, el peor error! En ese momento no me daba cuenta de lo grave que era, pero conforme pasó el tiempo me di cuenta de ello.

Egoísmo total

Aprendí a reconocer a las personas egoístas con el paso del tiempo. Tal vez aún tengas duda sobre quiénes podrían ser catalogados así. Los egoístas son quienes piensan sólo en ellos al grado de hacerte sentir invisible a su lado. Son indiferentes y piensan que toda la atención siempre la deben tener ellos. Estar con personas así puede ser más común de lo que imaginas. Lo importante es saber reconocerlos y mantenerlos lo más lejos posible de tu vida. De lo contrario, tu vida puede volverse miserable.

El amor se demuestra, pero no se mendiga

Sentirte amado por alguien es grandioso y mejor aún cuando te lo dan sin que tengas que pedirlo. Aprendí que podía estar con alguien que no me decía a cada minuto que me amaba, más bien me lo demostraba. De nada servía que estuviera con una persona que juraba amarme, cuando sus actos demostraban lo contrario. Aprendí a no mendigar nada. Quien quiere demostrar algo de manera real, lo hace porque tiene interés en ello. Seguro muchas veces has escuchado el bendito: “No me dio tiempo, no tengo tiempo”. Ja, ja, ja. La verdad es que jamás hay falta de tiempo, más bien es falta de interés.

Jamás te hagas grandes expectativas de nadie

Creo que otro punto importante, si de verdad quieres que todas tus relaciones interpersonales funciones, es que jamás te hagas expectativas de nada o nadie. Las expectativas son ideas que creamos en nuestra mente de lo que esperamos recibir a cambio de una persona. Por ejemplo, yo tuve un novio del que yo esperaba cada aniversario un regalo. No importaba si eran flores, chocolates o un peluche. No obstante, él no me daba nada de eso. Me invitaba a comer, al cine o simplemente buscaba pasar tiempo conmigo en esos aniversarios. Cada vez que yo no recibía lo que esperaba, me desilusionaba. Sin embargo, ese problema era sólo mío y de la expectativa que yo había puesto sobre ese individuo.

Aprendiendo a no mendigar nada

Conforme vas conociendo gente y teniendo nuevas experiencias, vas aprendiendo quién sí y quién no vale tu tiempo. Enfócate en demostrarle tus sentimientos a la gente que te hace sentir bien. Jamás busques a quien no quiere responder una llamada, un mensaje. No busques a quien no te extrañe o no se dé el tiempo de compartir algo contigo. Valorarte es lo mejor que puedes hacer por ti, así sabrás que no debes mendigar nada.

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