Ahora que soy madre, aprecio, valoro y respeto a mi madre más que nunca

Las mamás siempre dicen: “Me entenderás cuando tengas tus propios hijos”. Ahora que soy madre, aprecio, valoro y respeto a mi madre más que nunca. No sabía cuánto iba a necesitarla hasta que di a luz. El momento en que me convertí en madre fue también el momento en que fui la bebé de mi mamá. Para el Día de las Madres, celebro a mi mamá por ayudarme a ser madre. Cuando estaba embarazada vivía en Nueva York, pero mi madre vive en California. Mi bebé tardó 10 días en nacer y mientras esperábamos su llegada, pasábamos los días viendo telenovelas.

Llegó el día del parto

Cuando finalmente llegó el parto, mi mamá estaba tan preocupada y nerviosa que parecía que ella era la que estaba de parto. Una vez que nació mi bebé, mi esposo se quedó con él y observó cómo los médicos lo revisaban, lo limpiaban y lo medían. Mi mamá no se apresuró a ver al bebé, se quedó conmigo. Nunca soltó mi mano. Ella se aseguró de que tuviera comida y agua después del parto. Ella me limpió, cepilló mi cabello y me hizo ver semipresentable. Hubo un momento durante el parto que pudo haber tomado una siesta, pero nunca lo hizo. No quería irse del hospital, pero no le permitieron pasar la noche. Le dijo a mi esposo que quería dormir en el lobby, pero él la convenció de ir a mi apartamento. Solo durmió un par de horas porque temprano regresó al hospital.

La cuarentena

Mi mamá me cuidó durante la cuarentena. Todos los días cocinaba y limpiaba mi apartamento. Me ayudaba a bañarme y a vestirme. Tuve un parto natural y la recuperación no fue dolorosa, pero mi mama me trató como su bebé. Se aseguró de que comiera sano, de que durmiera y de que emocionalmente estuviera bien. Me enseñó cómo bañar al bebé, cómo cambiar los pañales, cómo sacarle el aire, vestirlo y calmarlo.

Mi madre sobreprotectora

Por supuesto, mi sobreprotectora madre mexicana también me volvió loca. Casi casi me dio de comer avena hasta por los codos. Con el fin de producir más leche materna, me preparaba kilos de avena. Para que me recuperara del parto solo hacía caldos. Para que recuperara mi cuerpo me ponía la faja todos los días. Recuerdan la escena de Titanic cuando Rose está en un corsé y su madre le jala fuerte las cintas que parece que se le van a salir las tripas? Esa era mi mamá, envolviéndome como un trozo de carne.

El día que se fue mamá

Después de 40 días, mi madre tuvo que volver a su vida, a mi padre y a su trabajo en California. El día antes de su partida, lloré como nunca antes había llorado. Estaba aterrada. ¿Cómo iba a cuidar sola al bebé mientras mi esposo trabajaba? ¿Cómo iba a cocinar y limpiar con un recién nacido? Le supliqué que se quedara. Mi marido incluso se ofreció a pagarle. Mi madre me abrazó y dijo: “Ahora eres madre y lo harás muy bien. Es hora de que lo hagas sola. Confía en tu instinto de madre. Cualquier cosa me llamas”. Le dije que no podía hacerlo sin ella. Me recordó que ella emigró a los Estados Unidos cuando estaba embarazada de mí. Se encontraba en un país nuevo sin saber el idioma ni la cultura. No podía conducir ni trabajar y se vio obligada a cuidar sola de mí. Mientras mi padre tenía dos empleos para sostener a su familia.

Ahora entiendo el verdadero significado del amor de madre. Esa niña ha crecido y ha encontrado el gran valor de convertirse en madre y por ello ama aún más a su propia mamá. 

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