7 cosas que tuve que hacer para darle la vuelta a mi vida

Hay épocas en las que nos sentimos fuertes y motivadas. La vida todos los días se siente como una gran bendición (y lo es). Lamentablemente a veces el equipaje que ocultamos en el clóset sale a la luz por alguna u otra situación. Entonces regresa el vaivén de emociones, pues mientras sigas cargando piedritas en tu equipaje no podrás seguir adelante. Darle la vuelta a mi vida ha sido toda una aventura.

1.- Desapegarme de todo y todos los que me rodean

¿Sabes qué descubrí y es maravilloso? Tenemos la opción de dejar que nos afecte o no. En esta vida muchas personas deciden quedarse con el papel de víctima. Y realmente no importa si alguna vez llegaste a serlo, lo importante es reconocernos más fuertes que eso. Cuando aprendes a dejar ir la amargura, el dolor, el resentimiento y el enojo la vida comienza a transformarse poco a poco. Es un proceso que no durará solo meses, sino el resto de tu vida. Es una filosofía que vive conmigo desde que despierto hasta que me duermo.

2.- Perdonar y ser perdonada

Cómo todas las demás personas en mi vida he hecho cosas de las que no me siento del todo orgullosa. Cosas tan tontas como estar de pasada de copas en una fiesta, mentir, rogarle a un patán. Viendo hacia el pasado, hay muchas cosas que pude haber evitado, pero sin ellas no sería quien soy el día de hoy. Perdonar es un proceso que muchas veces nos causa conflicto y dejamos pasar el tiempo para afrontarlo adecuadamente. Es indispensable perdonarte a ti misma por las errores que cometiste en el pasado.

3.- Serme fiel a mi misma

Nadie más que tú puedes entenderte en un 100%. Cuando te sientes a gusto con quien eres y lo que haces nada de lo que pase externamente puede tirarte. Si comienzas a serte fiel a ti misma, sin importar lo que diga la gente, te aseguro que tendrás gran parte del terreno ganado.

4.- No disculparme con los demás por lo que siento

Si un día te despiertas triste, de malas, desesperanzada, feliz, es algo que solo tú estás sintiendo y tienes derecho a sentirlo. No tienes que buscar la aprobación de nadie. Para darle la vuelta a mi vida tuve que hacer grandes cambios y uno de ellos fue dejar de tratar de complacer a las demás personas. La vida corre diferente cuando pierdes el miedo a equivocarte, cuando dejas de forzar a la gente de afuera a que hagan lo que te hace sentir bien. Cuando actúas sin miedo ni esperas nada a cambio, la vida se vuelve más ligera.

5.- Encontrar la felicidad dentro de mi

Para darle la vuelta a mi vida tuve que quitarle la responsabilidad a otros de mi felicidad. Esto sigue siendo una lucha que día con día tengo que recordar. Soy humana y al final algunos día quiero echar la culpa al tráfico, a mis amigas, a mi amante o a cualquier otra persona por no sentirme bien con quien soy y lo que hago. Para mí, la vida debe tomarse como lo hacer los alcohólicos: un día a la vez. Pues solo siguiendo esa regla podemos vivir en el presente.

6.- Recordar que vivo todos los días

Si no lo haces, te pierdes pensando en el futuro. Mi gran salto de fe últimamente ha sido actuar conforme a lo que yo siento en el momento en que lo siento. Algunos días me va bien y otros en los que las cosas se ponen difíciles intento buscar el aprendizaje. No todos los días se viven llenos de logros, pero si podemos hacer que cada día cuente, siendo bueno o siendo parte de un aprendizaje.

Ver la perfección en la imperfección

Cuanta prisa tenemos los seres humanos por conseguir ese ascenso, encontrar el amor o el éxito. Buscamos como si todo estuviese perdido y entonces las cosas que siempre hemos querido no llegan, y si llegan, lo hacen con muchas dificultades. El salto de fe incluye ver la perfección hasta en las imperfecciones. Reconocer que no todo será perfecto y que todo tiene una razón de ser. Así que deja de latiguearte por las cosas que no salieron como tú esperabas. Al final, ese errores siempre te van a llevar a un nuevo comienzo.

No tengas miedo de actuar o del resultado de tus acciones, confía en el proceso y disfrútalo. Recuerda que al final, nada crece en la zona de confort.

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