Nadie entiende por qué no voy a las típicas carreras si amo correr, y se los voy a decir

Cuando era una niña, mis padres peleaban constantemente. Fue una época muy difícil para mí. En casa, a veces las cosas se ponían difíciles y otras más recibía una gran cantidad de bullying en la escuela. Sufría de una enorme colitis que no se me quitaba con nada… Como decía mi ma: solo eran nervios. Hasta que comencé a correr.

Correr me conectó conmigo

En un intento de seguir un estilo de vida más saludable, mi mamá me inscribió a clases de atletismo. En aquella época, mi maestra había sido corredora profesional con muchos premios y reconocimientos a nivel nacional. Yo tenía unos 7 años cuando comencé a correr con esta mujer. Me enamoré completamente de la sensación de poder que me generaba aumentar la velocidad de mis piernas, al grado de sentir que en cualquier momento iba a despegarme del piso y volaría. Comencé a correr y me di cuenta del poder mental que tenía. Me convertí en la niña de resistencia en el grupo de atletismo.

Corriendo con papá

El amor por correr no solo llegó por la sensación que causaba, mi papá corría todos los domingos y así fue como comencé a correr con él. Es una actividad que amo y aprovecho dos o tres veces por semana. A veces dejo de ir al gimnasio solo por ir a correr con mi papá. Mi mamá nos acompaña, pero ella solo camina, nunca ha sido de las chicas que aman sudar. Y mi hermano, pues hace lo que le viene en gana, pero también tiene una gran habilidad para correr. Para mí es la actividad física más liberadora que existe, a veces más que nadar…

De niña corrí mucho

Cuando era una niña corrí bastantes carreras, gané muchas medallas y algunos reconocimientos por velocidad. Para mí, esas carreras fueron de suma importancia, pues más allá del reconocimiento fueron momentos hermosos en familia que quedaron grabados en mi mente. El día de hoy, las carreras se presentan cada fin de semana y muchas de mis amigas van y sacan hermosas fotos con sus muchas medallas y muchas de ellas se preguntan por qué no me animo a ir.

La respuesta es bastante sencilla

Y es que, yo amo correr y hacer ejercicio, pero no de esa manera. Cada día en la mañana o en la noche, cuando me dispongo a correr, lo hago pensando en que tengo que vencerme a mí misma. Correr me despeja la mente y no necesito cruzar un valle lleno de lodo para demostrarme a mí misma todos los días que puedo. Simplemente, ese estilo de vida no me ha llamado la atención. Creo que si lo intento, correría el riesgo de perder este gusto tan hermoso que tengo por sentir mi velocidad, y lo cambiaría por el gusto de tener una vitrina llena de medallas solo por llegar a una meta.

Cuando yo siento que llego a la meta todos los días

A veces me levanto a ver el amanecer en las mañanas mientras corro. Otras veces corro en la tierra mojada y algunas otras en el gimnasio. Voy a trabajar, impregno mi energía y creatividad en todo lo que hago. Cocino, limpio, me frustro, me levanto. Esa es mi verdadera carrera de todos los días. Y al final del día, ya sea debajo del agua o corriendo en una banda, me recuerdo que soy más fuerte que una llanta ponchada, el retraso que traigo en el trabajo o las deudas que se han acumulado. Entonces me levanto y vuelvo a comenzar.

Y sí hago ejercicio, pero no soy una chica fit, no soy una runner

No soy ninguna de esas etiquetas que me quieren poner en redes sociales. La verdad es que prefiero traer una gran y enorme etiqueta, solo una, con mi nombre. Me gusta no poder ser etiquetada como nada, pues hasta ahora quienes han intentado ponerme en un cuadrado no lo han logrado y espero que contigo tampoco lo logren. Así que no necesito una foto cargando las pesas que levanto en el gym para sentirme fuerte. Las fotos que me he tomado en mi mejor forma están en un álbum de papel y en una nube, fuera de las redes porque prefiero tenerlas solo para mí, así nadie puede subirme el ego. Prefiero correr sola porque es algo que forma parte de mí, no corro para tener algo que hacer los fines de semana y tampoco para presumir fotos bonitas.

Yo corro porque es parte de mí, lo amo y me siento yo cuando voy subiendo por una montaña. Claro que esta es mi simple forma de ver la vida.

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