Corrí un maratón y todo esto pasó por mi mente… (jamás pensé que sería así 🤔)

Desde pequeña he escuchado a la gente hablar de los maratones. En realidad no sabía bien a qué se referían y la verdad es que no me importaba. Nunca me ha gustado hacer ejercicio como tal, prefiero hacer otras actividades con las que pueda tener dinamismo. Simplemente el ejercicio y yo no no llevamos, o así era hasta que corrí un maratón.

Sólo quiero sentirme libre

Como decía, desde que era chiquita el ejercicio y yo no nos llevamos bien. Creo que desde la época escolar el modo en que los profesores de deportes daban las clases, hicieron que yo aborreciera el ejercicio. Cada vez que llegaba la hora de estar en esa clase, para mí era un verdadero martirio. Me gustaba correr, saltar, sentirme libre, pero no del modo que tuviera que estar haciendo alguna rutina o algo. Siempre fue así, hasta que llegaron a mi vida personas que me hicieron replantear lo que hacía.

Un maratón o tal vez dos

Mis amigos son fanáticos del deporte en sus diferentes presentaciones. Muchas veces, cuando iba a verlos, me decían que tenían que hacer algo respecto al deporte. Un maratón, una carrera, o cualquier cosa relacionada con el deporte. En algún momento me entró la curiosidad por saber qué se sentiría estar en un evento de esos. Veía a mis amigos felices y se sentían muy bien con ellos mismos. Decidí pedirles que me orientaran y ayudaran a tener algo de condición para acompañarlos a un maratón. Me dijeron que tenía que hacer ejercicio de resistencia para que pudiera aguantar.

La primera vez…

Durante medio año me preparé, teniendo una dieta balanceada y haciendo ejercicio con constancia. Cada fin de semana iba con ellos a practicar. Al paso del tiempo comencé a agarrarle amor al ejercicio y además se me hacía divertido porque estaba con mis amigos. Después de un tiempo de práctica, decidí inscribirme con ellos para participar en un maratón. Aquí te va mi experiencia…

Antes de salir…

Muchos sentimientos y emociones se apoderaron de mí justo antes de salir hacia lo desconocido. En primer lugar, me pregunté por qué en el ambiente se percibía un olor bastante fuerte a sudor como si ya hubiéramos corrido. Me sentía emocionada, pero a la vez nerviosa. Pensé que en cualquier momento podía caer y que todos los demás pasarían sobre mí.

Primeros kilómetros

Cuando logré llegar al primer kilómetro pensé: “esto es pan comido, super fácil”. Seguí hasta el segundo, y me di cuenta de que tenía que haber ido al baño antes de dejar la salida. Oía al tumulto de gente animándonos y deseaba tener un poco de su entusiasmo para no quedar ahí tirada. De repente me di cuenta de que una señora de la tercera edad me dejaba atrás. Eso fue bastante extraño, pero a la vez funcionó para que yo no me diera por vencida.

A la mitad

Justo en este momento valoré el hecho de haberme preparado de manera anticipada, si no, sería casi seguro que yo ya estuviera en el suelo. Además, creo que en más de una foto salí con cara chistosa (sino es que hasta con los ojos bizcos porque sentía que se me iba la vida). Algo muy curioso, y a la vez extraño, fue que sentí dolores que tal vez nunca había sentido. Por no haber ido al baño antes, sabía que perdería tiempo por salir de la carrera para ir al sanitario. Incluso pensé que podía hacerme sobre los pants y nadie lo notaría, pero no lo hice.

Casi en la meta

Debo reconocer que para el final ya sentía que se me salía el hígado. Era un hecho que no llegaría dentro de los 10 primeros lugares, pero eso no me detuvo. Tendría la satisfacción de saber que había podido correr un maratón de principio a fin, con poca preparación realmente. Eso lo digo porque muchos participantes presentes eran atletas de años, no de seis meses como yo. De momento pensé que jamás lo volvería a hacer, pero la realidad es que estoy esperando con ansias el próximo…

¿Y tú para cuándo?

Este video te puede gustar