La historia de cómo el tinte arruinó mi cabello

Cuando somos adolescentes nos encanta experimentar con nuestra imagen. Esto trae dos consecuencias: la primera es que encuentras tu estilo, la segunda es que, en ocasiones, exageramos, sobre todo cuando de cabello se trata. Yo he hecho de todo con mi melena y como resultado tengo una forma y volumen muy particulares, por no decir problemáticos.  Mejor lee esto y cuando quieras pintar tu cabello,  piénsalo dos veces.

Antes del tinte todo comenzó con la plancha

Mi cabello era rizado y de un color que variaba entre el negro y el castaño oscuro. Recuerdo que solo tenía que lavarlo, secarlo con cuidado y se acomodaba bellamente. En ocasiones, solo necesitaba ponerme un par de broches o pasadores y me veía arreglada. Esta bella historia terminó cuando me pareció que el cabello lacio se veía más bonito. Así que comencé a alaciarlo una vez por semana, después dos y finalmente a diario. Tras unos meses me aburrí y regresé al estilo rizado, para ello tuve que cortar mi melena y utilizar bastantes tratamientos.

 Llegó la fiebre  del tinte cobrizo

 Desgraciadamente, mi historia no terminó con mis ganas de ser lacia. Las que, para ser honesta, nunca se fueron del todo. Al entrar a la preparatoria veía a muchas chicas con diferentes estilos de coloración. Eso despertó la inquietud de pintar mi melena. Sin embargo, veía que todas querían  ser rubias y yo elegí las tonalidades cobrizas. Así que me pinté el cabello de rojo. Me sentía y veía muy guapa, pero jamás fui con un especialista y me retocaba el tinte una vez por mes. Además, tampoco usé tratamientos para evitar que se resecara. Estaba muy confiada y lo pagaría caro…

 Intentando deshacer las malas decisiones

 No sólo me pinté el cabello en tonalidades cobrizas, sino también cerezas, manzanas… Para eliminar el rojo pinté mi cabello de color chocolate, negro y ámbar en distintas ocasiones. Finalmente, tres años después comencé a ver las consecuencias.  Mi cabello ya no era rizado, pero tampoco lacio, en la parte alta era ondulado y en las puntas lacio. Además, estaba muy seco y cuando lo cepillaba se trozaba. Lo peor fue cuando vi que se caía más de lo normal. Después me dejé llevar por la desesperación y probé muchos productos “milagro” que sólo irritaron mi cuero cabelludo.

 Mi melena hoy en día

Cuando ya no supe qué hacer acudí con mi estilista. Ella cortó mi cabello y me recomendó algunos remedios naturales y tratamientos de keratina. Mi cabello se recuperó lentamente, pero ya no crecía a la velocidad de antes. Tuve que esperar un año para que mi melena recobrara fuerza y hermosura. Mi melena totalmente rizada no volvió, ahora es ondulada; sin embargo, está sana y crece a un buen ritmo. Conclusión: ¿es bueno experimentar? Sí, pero todo con medida.

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