Las verdades, no tan agradables detras de un salón de belleza

Cuando acudimos a un spa o salón de belleza hay aspectos inenarrables que nos pasan totalmente inadvertidos. Algunas personas que trabajan en estos lugares nos han confesado las verdades no tan agradables que hay detrás del servicio, los productos y la limpieza que imperan en ellos.

Las profesionales de la cosmética saben lo difícil que es mantener a un cliente contento. Además de las complicaciones que se presentan al atender a tanta gente, y más en temporada alta. No es que todos los lugares hagan lo mismo, pero es un hecho que detrás de algunos existen ciertos sucios secretos.

Confesiones de algunas trabajadores de spa y salones de belleza

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  1. “Llevo dos años trabajando en el mismo spa, siempre me han dicho que sea muy cuidadosa con el aceite, pues las toallas no se cambian más de dos veces por día“.

2. “En el salón de belleza donde trabajo, rellenamos los productos buenos con genéricos. No estoy de acuerdo con este tipo de práctica, pero tal parece que las clientas nunca notan la diferencia”.

 

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3. “Dar tantos masajes al día es bastante doloroso. A veces ni siquiera damos masajes completos, si logras dormir bien al cliente no hace falta que le imprimas demasiado esfuerzo”.

4. “En el salón de belleza hay clientas muy lindas y otras que digamos son indeseables. Me tocó una mujer realmente gritona a la que le molestaba todo lo que yo hacía. Entonces, no dudé en  cortar un poco de más su cabello. Finalmente crece de nuevo, ¿no es así?

Triste, pero muy cierto

5. “En donde trabajo hay una cabina de sauna. La primera vez que di un tratamiento de esos no sabía cómo funcionaba la máquina, así que improvisé y metí a mis clientas adentro esperando que no se cocinaran dentro de la horrible máquina con mil botones”.

6. “A veces los clientes no saben a qué tipo de spa están yendo. Lo peor que me ha pasado es entrar y encontrar a dos de mis clientes al natural sobre las camillas. No tengo idea cuál fue su confusión si dejamos los desechables encima de las camilla. Tuve que pedirles que se pusieran los calzones desechables para darles el servicio”.

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7. “Hay personas muy extrañas en este mundo. Una vez llegó una señora que quería un pedicure y le pedí que se acomodara mientras le preparaba un café. Cuando regresé a atenderla, vi que sus uñas estaban plagadas de hongos. Por ética profesional no pude atenderla. Me dio mucha pena y se fue muy decepcionada”.

8. “Trabajo desde hace muchos años en varios spa, lo que puede dañar todo mi día son los clientes demasiado jóvenes. Soy una mujer mayor y no me jacto de ser la belleza andando; sin embargo, suele pasar que a algunos de mis clientes se les despierte la pasión… ¿Saben de lo que estoy hablando? Procuro hacer caso omiso de lo que les pasa, finalmente siempre puedo dar por terminada la sesión saliendo de la cabina”.

Todos los trabajos tienen sus secretos, pero sin duda estos son muy desagradables. 



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