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6 días sin una sola gota de café: ¡fue horrible!

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Siguiendo con la larga lista de adicciones inútiles en mi vida, decidí intentar dejar de tomar café por 7 días. Pero cómo podrás darte cuenta en el título de este post, solo llegue a 6 días. Así es. Mi adicción al café resulta ser un “ish” que, al parecer, no podré dejar en un tiempo. Mi experiencia sin una sola gota de café fue… bueno… errr…

Día 1: ¿y por qué dejar el café?

Creo que debo contarte de dónde vino la idea de dejar el café. Bebo aproximadamente tres o cuatro tazas de café al día y tras la tercera vez consecutiva de blanquear mis dientes decidí hacer un pequeño cambio en mi dieta. Aunque no fumo para nada, mis dientes están sufriendo las consecuencias de mi adicción. Por otra parte, con un poco de investigación, caí en la cuenta de que mi consumo de cafeína era demasiado. De hecho, el café puede causarte úlceras, ansiedad, descalcificación ósea, aumento en el ritmo cardíaco y manchas en tus dientes. Así que por mi salud en general decidí poner un alto a mi adicción y ver cómo me iba sin una gota de café. Como es usual el primer día ni lo sentí. Sentía un fuerte compromiso conmigo misma.

Día 2: hay más opciones que el café

Como una declarada adicta al café, mi día nunca empieza hasta después de que tomo la segunda taza. Soy de esas chicas que se molestan sin este precioso líquido negro por las mañanas. Sin embargo, dispuesta a dejarlo me hice de té sin cafeína, cocoa sin azúcar y hasta de leche de almendra. El té es una gran opción para quien quiere dejar el café. Lamentablemente los tés que más me gustan son los que tienen más cafeína, por lo que fue muy decepcionante para mi tener que consumir té sin cafeína. Al mediodía ya me encontraba bastante irritable, se me hacía una tontería dejar algo que me gusta tanto solo por unas cuantas consecuencias. Obviamente es lo que mi mente en modo Grinch repetía. Sin embargo, llego la noche y sobreviví a un día más sin una sola gota de café.

 Día 3: fue un jueves de amigas

Verán los jueves para mí son especiales, pues es el día que pase lo que pase veo a mis amigas de toda la vida. A veces tomamos vino, cerveza, pero como esta vez todas están a dieta tocó ir por café. No tienen idea de cómo mis ojos furiosos devoraban a mi mejor amiga que pidió la mezcla de café que más amo en el universo. Ahí fue cuando descubrí que realmente amo el café. Más allá de ser una bebida para darle más energía a tu día, para mí el café es como un amigo que me acompaña cuando comienzo a dibujar, diseñar o escribir, un muy buen amigo. Aunque los primeros minutos fueron tortuosos, terminé pasándolo bien. En mi filosofía de vida intento no clavarme con mis malos pensamientos y aunque tengo mis días, la mayor parte del tiempo me ayuda a tener una vida mucho más sana.

 Día 4: el día del chocolate

 

Tan tan tannn. Este fue un buen día, desperté y descubrí que la cocoa con muy poquita azúcar puede ser el sustituto perfecto a mi amor tan profundo por el café. Finalmente es una bebida caliente, ideal para la mañana y con un sabor riquísimo. Lo único que no me encantó es la cantidad de calorías que consumes si tomas más de 2 tazas. Sin embargo, moderándote sale perfecto. Por otra parte, debo confesar que mi estómago estaba super a gusto, pues el café suele provocarme gastritis o colitis durante el día.

Día 5: entre chocolate y té

El día cinco me di cuenta de que no existe bebida más relajante para mí que el té. Lo único malo de tomar té sin cafeína y chocolate es que el efecto suele dormirme en vez de darme energía. Consumir más azúcar no es una gran opción, pues suele aletargarme. Así que sin nada que me provoque esa adrenalina más que el ejercicio, decidí que ni té ni chocolate. Hice un poquito más de ejercicio del que usualmente haga y dio muy buen resultado. Dato positivo del día: por lo menos evité odiar a quien prendió la cafetera.

Día 6: yoga, por favor

Dispuesta a encontrar una forma de sustituir mi café de la mañana. Decidí despertarme a estirar con unas buenas posiciones de yoga. Con muy buenos resultados por cierto. Resulta que hacer yoga en vez de tomar cuatro o cinco tazas de café es más efectivo y sano para mi cuerpo. El día pasó tranquilo y sin ansiedad.

Sin embargo, el día 7, sin pensarlo siquiera, en la mañana me levanté y prendí la cafetera sin más. En conclusión: creo que seguiré tomando café, pero definitivamente bajaré mis dosis. La vida sin gota de café no es mala, pero con una taza por la mañana siempre es mejor.


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