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Viví una relación en la que mi pareja tenía mamitis y esto es lo que aprendí…

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Hace ya año y medio que terminé una relación amorosa que yo creí era la mejor que había tenido. En efecto, hubo mucho amor y apoyo, pero terminó por malentendidos y falta de comunicación. Además, la relación también se vio afectada porque mi pareja tenía mamitis. Es curioso porque al principio yo no me di cuenta o, si me daba cuenta, lo dejaba pasar.

El amor te ciega

Vaya que el amor nos ciega al principio de una relación. Vemos a la otra persona como un ser perfecto en todos los aspectos. Las primeras citas que tuvimos eran maravillosas, él y yo en el cine. Él y yo en algún parque de diversiones o yendo a algún concierto. Fueron momentos muy bellos, pero que poco a poco se fueron haciendo nublados.

Mamá al rescate

Después de varios meses de ser novios, él decidió cambiar el modo de nuestras salidas. Cada vez que salíamos a algún lugar decidía invitar a su mamá. A veces la excusa era que ella nos ayudaría a completar para X o Y situación. Sin embargo, se convirtió en la nueva rutina, hasta que él dijo: “Le digo a mi mamá que venga porque no quiero que se quede sola”. WTF!!!!!!! Yo pensé: “Mi mamá también se queda sola y no por eso la traigo como mal tercio”.

El inicio de una guerra interminable

A partir de ese momento comenzó una pesadilla, por así decirlo. Ya no había momento en los que pudiéramos salir solos los dos. Cuando iba por mí a mi casa, ya llevaba en el carro a la señora y a veces a la hermana y al novio. Algo que siempre me ha traído problemas son los gestos que hago para todo (sea para algo bueno o no). En este caso no fue la excepción, pues en cuanto veía a los muéganos, ponía mi cara de disgusto. Frente a ellos jamás armé una escenita ni nada, pero sí le decía a él que me gustaba que saliéramos solos.

La autoestima tiene mucho que ver

Acepto que, a pesar de que me daba cuenta de que eso estaba mal, yo seguía ahí. Prefería aguantar todo eso en vez de alejarme de esa mala relación. Seguía ahí por los miedos e inseguridades que tenía. Pensaba que nadie más querría estar conmigo, hasta que comencé a ir a terapia.

El sol salió de nuevo para mí

En terapia aprendí que nadie puede trastornar mi paz mental si yo no lo permito. Yo lo había permitido por mucho tiempo y realmente la culpable era yo. Así que decidí tomar cartas en el asunto y terminar de una vez por todas con eso. Al principio fue bastante complicado, pero con el paso de los meses me di cuenta de que realmente era feliz sin necesidad de estar con él. Por el contrario, en su compañía, sentía que estaba en una vida nublada, sin color y sin sentido ni emoción. Entendí que él era una buena persona, pero no para mí. Sé que merezco algo mejor y que no necesariamente tengo que estar con alguien para recibirlo.