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¡Odio que los hombres piensen que pueden ir más allá cuando sólo trato de ser amable!

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Desde pequeña, mi mamá me inculcó que debía saludar a toda la gente que me rodeaba, pues es un gesto cordial que podía servir en caso de alguna emergencia. Ya sabes, si hay algún accidente y necesitas apoyo de alguien, o si te pasa algo, para que sepan quién eres. A partir de ese momento trato de ser amable con todos, pero a veces opto por ya no serlo.

A veces es necesario

Recuerdo que durante varios años saludaba a todos mis vecinos y a la gente con la que tenía contacto frecuente. Los vendedores del mercado, de la tienda o locales a los que iba con regularidad. Sin embargo, me tocó que varias vecinas aprovecharan esa situación para pedir favores que iban más allá del simple saludo. A partir de ese momento opté por dejar de saludar a todo mundo.

Poca paciencia

Debo reconocer que además de ser poco tolerante con la gente, me molesta cuando quieren abusar de su posición. Por esa razón dejé de saludar a medio mundo aunque no por eso dejé de ser amable. Más bien, creo que aprendí a diferenciar una cosa de otra, pues no quiero malentendidos con nadie. Ahora, en muchas ocasiones, la gente me dice que parece que soy una persona poco amigable. En realidad no me importa mucho lo que piensen de mí, pero sé ser amable sin tener que dar mi brazo a torcer.

Sólo trato de ser amable, ¡nada más!

 En realidad me molesta que la gente piense que tiene derecho a algo más por el simple hecho de que les digo “hola”. Todos los días llevo a mi hija a la escuela y siempre saludo a los vendedores que están en la entrada. Ellos saludan amablemente o eso pensaba hasta el día de hoy. Como de costumbre, fui a dejarla a la escuela y cuando saludé sólo había uno de los vendedores, varón.

Al momento en que dije “buenos días”, él respondió con un: “buenos días, muñequita”. En cuanto escuché eso, sentí que algo dentro de mí se enfurecía. Traté de ignorar el comentario tan poco acertado y seguí mi camino. Al salir de dejar a mi hija, saludé a otros papás que encontré en mi camino y cuando iba a cruzar la calle escuché que alguien me hablaba. Era el fulano ese, pero lo único que hice fue ignorarlo.

Mucha incomodidad

En ese momento me surgió la duda de por qué la gente, o más específicamente los hombres piensan que tienen el derecho de algo más por el simple hecho de decir “buenos días”. Trato de ser amable, pero hay veces en las que eso es casi imposible. Ahora estoy pensando en cómo puedo actuar o qué decir en caso de que el tipo me diga algo nuevamente. De lo que sí estoy segura es de que no lo volveré a saludar. No quiero que siga pensando que tiene derecho a algo más que un simple “hola”.


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