Quantcast

Cómo hice para salir de nuevo con alguien después de que me destrozaron el corazón

Por  |  0 Comments

Hace no mucho me destrozaron el corazón, o al menos eso creía yo. Sé que suena raro, pero bueno, empezaré por el principio para que sepas de lo que estoy hablando. Para empezar, es importante que sepas que yo soy una chica rebelde. Me gusta sentirme libre y por lo tanto no me gusta atarme a nada por mucho tiempo.

¡Adiós monotonía!

Desde muy chica supe lo que quería en la vida y cómo quería llevarla a cabo. A pesar de todas las trabas que pudieron existir en mi camino, jamás me he dado por vencida. Si algo me enseñó mi madre es a ser una guerrera. Siempre debo tener la frente en alto, por muy difícil que se ponga la situación. El problema es que a veces, en cuestiones del corazón, todo se ve desde una perspectiva completamente diferente. Y ahí sí, ni el mejor consejo de tu mamá puede hacer algo si tú no lo quieres así.

¿Enamorada?

Unos años atrás me reencontré con una persona que ya había conocido cuando era una puberta. Desde muy chicos fuimos buenos amigos, pero el destino se encargó de separarnos para después de tres años volver a unirnos. Cuando nos reencontramos surgió una “chispa” entre nosotros. No puedo decir que fue amor a primera vista porque en realidad no sé si eso exista, pero la química que había existido entre nosotros aún seguía ahí. Las primeras veces que salimos después de ese reencuentro, era con los amigos que teníamos en común. Después de algunas salidas empezamos a hacerlo sólo él y yo. Tal vez pasaron uno o dos meses cuando él me pidió que fuera su novia. Me sentía tan a gusto con él, que no dudé en decir que sí.

La vida en color de… ¿qué?

Pensaba que estaba enamorada y siempre dije que por esa razón había dicho que sí. No voy a negar que él me hacía sentir bien, o eso parecía en un principio, aunque a veces pasaban cosas con las que yo no me sentía tan bien. Pasó poco tiempo para que me diera cuenta de que él tenía un severo problema de mamitis. Tan severo era, que después de algunos meses, su mamá iba de entrometida en nuestras citas. El problema es que a pesar de eso yo decidí quedarme a su lado. Sé que nadie me obligaba a estar en ese lugar, pero no me importaba. Estaba tan cegada que pensaba que todo pasaría pronto.

Una venda en los ojos

Mi autoestima estaba tan mal, que por eso acepté quedarme con alguien que no me valoraba. Eso lo tuve que aprender después de que me destrozaron el corazón. Sin embargo, tuvo que pasar mucho tiempo para que me diera cuenta de eso. Llegó un punto en el que mi luz se había apagado por completo y había dejado que la oscuridad de esa persona me absorbiera al máximo. Había permitido que me pusieran una venda en los ojos. Sabía que muchas cosas estaban mal y no hacía nada para alejarme de ahí, estaba en una mala zona de confort.

Miedo al cambio

Afortunadamente llegó un momento, una situación clave con la que dije ¡basta! En realidad, en ese momento el que se encargó de que esa situación se diera fue él. Ahora lo agradezco, pues sé que de lo contrario yo hubiera podido seguir con él mucho tiempo más. Él tomó la decisión de irse porque decía “que me hacía mucho daño”. Vaya, al menos lo reconocía y yo también empecé a aceptar esa realidad. Los primeros días y meses fueron muy complicados, pues me destrozaron el corazón.

Realmente, ¿me destrozaron el corazón?

En mi mente tenía una pregunta: “¿por qué me destrozaron el corazón?”. Era lo que yo pensaba, creía que me habían hecho trizas, pero no era así. Tuve que ir a terapia para poder entenderlo. Yo estaba aferrada a que esa persona (tan dañina y tóxica) era para mí. Después, con la terapia, comprendí que no tenía que sentirme así. Fue un proceso muy difícil, debo aceptarlo, estaba lleno de altas y bajas, más bajas que altas. Hubo un momento en el que estuve al borde del precipicio y justo eso fue lo que me hizo reaccionar. No podía echar por la borda todo lo que me habían inculcado desde pequeña. ¿Dónde demonios había quedado la mujer guerrera que yo era? En ese momento ya no era tristeza lo que sentía, sino rabia, pero rabia contra mí. Estaba enojada por haberme permitido humillaciones y malos tratos por alguien que decía “quererme”. Fue cuando descubrí que no me habían destrozado el corazón, yo sola me lo había roto por permitir todo eso.

Un nuevo amanecer

Me costó mucho trabajo, muchas horas de insomnio, muchas lágrimas derramadas. Horas invertidas en terapia, en analizarme para saber qué había fallado en mí. Me sentía culpable por algo que ni siquiera era mi culpa, ¿qué irónico, no? Afortunadamente, y a pesar de todo lo malo, siempre me he esmerado en dar lo mejor de mí. Ahora sé que todo tiene su recompensa, obres bien o mal. En mi caso, la vida me sonríe porque he logrado fortalecer mi autoestima. Sé que no merezco malos tratos, sino que al contrario, merezco a alguien que comparta mi locura. Alguien que comparta esa pasión por la vida y que no quiera ni pretenda tenerme encerrada en una jaula por su propia infelicidad. En este momento puedo decir que no me destrozaron el corazón, sino que me ayudaron a fortalecerlo para no aceptar cualquier oferta barata.

El sol siempre vuelve a brillar

Decidí pasar un tiempo a solas conmigo, para sanarme a mí misma. No quería que nadie pagara por el daño que otro había hecho. Era un momento en el que había de dos: 1) resurgir más fuerte que nunca o 2) quedarme en ese estado en el que no era infeliz pero tampoco feliz. Opté por la primera opción, aún hay mucho que vivir. Hace unos meses llegó a mi vida una persona increíble que me ha demostrado lo que es que te quieran de verdad. Es un amor que no necesita ataduras para hacer que te sientas feliz. Un amor que comparte tus sueños y miedos sin juzgar, que disfruta tu compañía y no necesita de lujos para demostrar qué tan importante es. Eso lo aprendí porque aprendí a aceptarme y a amarme, y todo lo demás llegó como efecto dominó


Este video te puede gustar